Temblores en Santiago: Esperando…

Desde la cama miro los libros, las paredes, el techo e intento imaginar cómo sería ese temblor que nos están pronosticando, cómo sería todo tambaleándose, cayéndose, cayéndonos arriba. ¿Estaremos en casa o mi beba en la escuela, nosotros en el trabajo y todos separados? Antes de dormir, mi bolso al lado de la cama, con los tarecos que tiene usualmente, (agenda, pastillas para el estómago y el dolor de cabeza, monedero, etc…) y, además, una manta, las chancletas de la Gio y un pomo de agua, no sé exactamente para qué, si se caen las paredes, no creo que pueda hacer mucho con eso. Los espejuelos y el celular ubicados, las chancletas bien puestas, y sin mosquitero en los primeros días para no enredarnos si hay que salir corriendo.

Los santiagueros están acostumbrados a que tiemble, pero nunca antes la amenaza y la certeza de un terremoto de gran magnitud había estado así de cerca, tan respirable, tanto que el menor movimiento, -algo a lo que el santiaguero común reaccionaba con “¿tembló?”, “sí, tembló”, y todo sigue normal-, provoca ahora traslados en masa hacia las plazas, los patios de las escuelas, los parques, lejos de los grandes edificios.

¿Dónde dormiste ayer? Es lo primero que le pregunto a mi compañera de trabajo, porque en estos días se ha ido con una manta y un termo de café para el parque Abel Santamaría. “no, ya en la casa, me tomé unos rones, intenté estar despierta un poco más después de la novela, pero el sueño me venció”.

“¿Sentiste el de anoche?”, me preguntan, hacemos chistes al respecto, hablamos de un falso temblor que sentí como a las 9 de la noche, y de cómo suelo quedarme bien tranquila en cualquier lugar que esté, tratando de percibir la más mínima vibración a mi alrededor, de cómo cualquier ruido, murmullo, rumor, ladrido de perro o graznido de aves inquietas me da dolor de estómago.

Duermo, pero en lo primero que pienso al abrir los ojos, es en que no pasó nada, me complace ver la ciudad al amanecer, todo está en su lugar, los edificios en pie y no hay razón para no llevar a los niños a la escuela, y no dejarlos allá el día entero, un día largo, hasta que los buscan en la tarde y todos vuelven a sus casas con sus padres.

Dice Bladimir que para que se libere la energía necesaria tiene que ocurrir un gran terremoto de 7 punto algo, o 32 mil terremotos de 4 grados. Lo dice con la certeza de sus ojeras, de su hablar pausado de las tantas veces que ha tenido que repetir en televisión que no, que no va a haber un tsunami, que las fallas se desplazan horizontalmente y los tsunamis son provocados por movimientos verticales, o algo así, que no, que Santiago no está hueco ni se va a hundir, que no, que las lluvias no tienen nada que ver con los temblores, aunque –digo yo- los santiagueros están bastante jodidos porque la lluvia no los deja dormir fuera y, para colmo, hay una sequía terrible.

El domingo todo era un juego para mí. No salí de la casa, no salí de la cama, apenas para quitarle la llave a la puerta y volver, y claro, despertarme con cada temblor, y sentir a mi madre –que estaba de visita en casa y que nunca en su vida había sentido un sismo, porque en Holguín no tiembla- decir bien bajito “que pare ya, que pare ya”, pero sin miedo, apenas con la sensación de estar viviendo algo extraordinario.

Con los días, la lluvia, las malas noches y la nueva rutina de llenar el pomo de agua, tener el bolso cerca, preguntar: ¿tienes las chancletas bien puestas?, todo se ha vuelto muy denso, aunque ya lo estemos incorporando, uno siente una cosa pesada dentro. Miro alrededor y no puedo imaginar… o sí puedo, pero sin mucho éxito, ¿será así como yo lo veo?, los libros, las tacitas de arte cubano del estante, las tablas del falso techo, las lámparas… mejor no pensar en nada.

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Una respuesta a “Temblores en Santiago: Esperando…

  1. mejor que no pase nada… hasta indicaciones contradictorias he leído… que si es bueno meterse bajo un mueble, que si no… que si bajo un marco o bajo viga… que si no… ojalá no pase nada… lo peor es que no se puede predecir, me he acordado mucho de ustedes y otros amigos de santiago, cómo estarán, dónde estarán…

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