Archivo mensual: febrero 2012

Llegó la Feria del libro a Holguín

Comenzó la ebullición y la ansiedad, los libros pululan y la gente no sabe qué hacer. Sobre todo en los estanquillos de los textos infantiles, los padres se aglomeran encima del mostrador con los ojos achinados tratando de identificar algún libro interesante, con muchas imágenes y colores, y cuando les llega el turno no saben qué pedir, la cola ha sido tan larga, piden de todo y después no les alcanzael dinero y tienen que devolver. Sigue leyendo

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Falleció Columbié: se fue el hombre de las casas

Siempre miré aquella casa con cierto recelo. Era inolvidable, para nada convencional. No podía imaginarla por dentro, pero me pregunté cien veces cómo era. Un día toqué a la puerta para una entrevista, me senté en una sala aparte, y llegó un señor encorvado y sonriente con quien conversé casi cuatro horas. Mientras hablábamos, yo no paraba de mirar el patio interior, las celosías, y la luminosidad de aquella construcción, tan inusual y acogedora. Luis Felipe Rodríguez Columbié era mi interlocutor y me hablaba con la parsimonia de su avanzada edad, pero a la vez, con la tranquilidad propia del hombre que ha plantado muchos árboles y, al cabo de los años, se sienta bajo uno de ellos a respirar aire puro y a contemplar el bosque.
El Premio Nacional de Arquitectura en el 2003, nació en Baracoa, pero fue Holguín la ciudad que ayudó a construir. Llegó aquí cuando los límites de las casas no sobrepasaban los río Jigüe y Marañón, aquí se enamoró, aquí vivió más de 60 años, y serán estas tierras las que guardarán sus restos.
Se fue el hombre de las casas, pero aquí está su bosque para que lo habitemos.

PD: La entrevista que le hice aquella tarde la pueden encontrar aquí: “El sueño de un arquitecto”

Arañar la nostalgia…

Ayer cuando salí del trabajo y atravesé el parque Calixto García escuché en una esquina un audio solitario con el tema: Honesty, is such a loneley world, everyone is so untruth, y me vino un sentimiento, ese aire nostálgico de las baladas ochentosas que solía escuchar en el preuniversitario.

No era mi época, pero los 80′ siempre me han provocado esa marea dentro, como si hubiera sido joven en esos años o me hubieran dado el primer beso con “Carrie” de Europa como música de fondo.

La coincidencia de ayer se la debo a algún loco que tuvo la idea de hacer un Festival como “Arañando la nostalgia”. Tiene un nombre un poco desgarrador, pero creo que es así como se recuerda la música de los 60′ y la que vino luego, se vive a sus pies, mirando desde abajo, y como rasgándole el vestido.

Hace siete años existían todas las condiciones para crear un evento de este tipo. Los holguineros teníamos la Caverna de los Beatles, una especie de refugio a donde los “tembas” y los beatlemaníacos iban a revivir una época ya pasada, pero que se resiste a irse del todo. El grupo “Retorno”, que solo tocaba, y aún lo hace, música de los 60′ y otras afines, ya había aglutinado a un público en derredor suyo. También existían los Beltas, que reproducían la música de los chicos de Liverpool, pero en español.

Fue entonces que comenzó la idea del Arañando… que en aquel momento se debatió entre lo teórico y lo musical. Recuerdo las largas sesiones de Humberto González Carro, José Vega Suñol o Manuel Legón, los intelectuales que sobrepasan los cincuenta en la ciudad, conversando entre ellos mismos o el audiotorio sobre los avatares para hacerse de un Long Play (LP) de los Beatles, o las limitaciones de una época de censura, o de lo manido del concepto “Década prodigiosa”. Hacían catarsis en esas tardes, y nosotros con ellos.

Después de aquella fecha, el Arañando… ha vuelto una y otra vez, aunque la Caverna de la Ciudad de los Parques aún esté en ruinas, o el presupuesto para el Festival sea el mínimo. Siempre del 12 al 14 de febrero o cercano a las festividades de San Valentín, regresan a esta ciudad agrupaciones de toda la Isla, que quizás en el año tocan pop, rock, salsa, pero que al llegar aquí, desempolvan el repertorio “de la década” y se acoplan al festival.

Cierto es que el Arañando… ha sido más discreto. Ha habido pocos espacios para el diálogo y casi todas las presentaciones se han hecho después de las cinco de la tarde, horario en que los holguineros vuelven a sus casas, y las calles quedan solitarias y frías.

Para la mayoría, el festival ha sido eso, una melodía lejana, escuchada de manera casual en una esquina céntrica de la ciudad, y quizás deba ser así. El Festival me recuerda a la chica que en las fiestas se queda en una esquina mirando a la nada, esperando que alguien la note, pero sin esforzarse mucho, porque no importa si no baila con nadie, solo está allí, recordando.

Así vive la música del pasado, en la esquina, en la noche, donde pocos la ven. Apenas se impone en un parque, con la voz de Billy Joel, o la de Whitney Huston o la de Lennon y Mcartney.