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Rumbo a Holguín: Notas desde una Terminal

Estoy en una terminal, el lugar más colorido y diverso que conozco. Los viajes siempre me sacuden y me devuelven la perspectiva. Lo que más disfruto es la gente que se conoce, gente tan diferente a uno, que solo en un lugar como este es posible una conversación o algún tipo de intercambio por más de dos horas…

Ya no sé cómo sentarme, al principio me pareció genial llegar hasta esta silla, pero ahora no tanto, el piso o el maletín se ven más cómodos…

….

“¿Este tipo no ve la facha que tiene? ¿A quién va a convencer?” le dije a la señora de atrás riéndome, aunque no tenía ganas de reírme, pero igual buscaba complicidad, compañía. El negro aquel de verdad tenía una facha sospechosa, hablaba enredao, como un borracho.

He conversado con los tres de atrás, con la de al lado, y con los dos de adelante, así que me siento en una especie de Isla, todos están tan embarcaos como yo, eso nos une. A mi izquierda hay una L de maletines, uno bien juntito al otro, un caballo de ajedrez podría pasearse por ellos sin romper las reglas del juego… La frontera de maletines me custodia, y viéndolos juntos así, parece que todos somos una partida de trotamundos…

……..

Aquel negro perseguía a la gente como un perro al que le han echado varios huesos y no sabe con cual quedarse, y los huele todos, indeciso, con ansiedad, pero cuando agarra uno, lo despedaza, lo muele de un solo golpe. El negro mismo parece un perro, trae los ojos entreabiertos como si le pesaran los párpados, y en uno de los pómulos tiene un grano enorme.

Después de que engancha el pez, o sea, que logra la atención de alguien, cosa rara porque todos le huyen, comienza su jerigonza, les ofrece una vía más rápida para irse de aquí, unos le siguen, otros ni lo miran.

……….

Sigue llegando gente a anotarse en la lista de espera, ellos no tienen nada que ver conmigo, vienen a anotarse hoy para irse mañana, sus caras no me dicen nada, no reparo en ninguna de ellas… solo veo un cúmulo de gente que se amontona cada vez más… 

Recuerdo una vez en que vi el amanecer en esta Terminal, la señora de la limpieza pacientemente fue barriendo, y pasando el trapeador, nadie hablaba por el cansancio, y verla fregar el piso fue como si pudiera quitarme un poco el churre que traía yo encima.

La Terminalestá repleta, todos los asientos ocupados, y un centenar de personas acostadas en el piso, sobre sus bolsos, sentados en periódicos, llenando crucigramas, tomando refrescos, comiendo pollo en cajitas de cartón, conectados a un teléfono público, conversando o mirando a la nada.

Mi compañera de enfrente es superexpresiva, con ella cerca no me siento sola, porque habla mucho y mi mente viaja en sus palabras, pero no va en la misma dirección que yo, y es mejor que no me encariñe porque lo más probable es que se vaya primero, y entonces, es como empezar de nuevo…

La gente se va, coge sus maletines y se va, con una risotada en la cara, apenas puedo escribir, ya está oscureciendo y los focos encima de mi cabeza no sirven, el sabueso no ha venido más, a dónde habrá ido?, estará acostado sobre algún saco, o buscando algo de comer, ¿tendrá alguna cama cálida o un plato de comida? ¿Cómo habrá llegado a convertirse en lo que es? ¿En qué momento la gente pierde el camino?

Su ausencia me recuerda que ya se está haciendo tarde…

 La Terminalparece un lago de mugre, esto es la selva… uno aquí se siente tan solo, y tan fuerte a la vez, siempre habrá algo idílico en esto de coger una mochila e irse solo a alguna parte, tú eres tu barco, tu capitán, tu remo, tu salvavidas…

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