El sueño de un arquitecto

Columbié descubrió unas celosías de madera en una película de Henry King, titulada “Love Is a Many Splendored Thing”. Aún andaba ensimismado en el recuerdo de la historia de la japonesa y el corresponsal de guerra, el amor imposible, y la voz de Nat King Cole como envoltura del drama, cuando encontró en una revista la estructura que había visto en el filme. Todo le pareció una simple casualidad hasta que una hermana lo invitó a conocer su nueva casa en La Habana, y al abrir la puerta, ahí estaban las celosías en medio de la sala, el mismo modelo, sin duda alguna. “Las tenía en mi camino”, terminó diciéndome el arquitecto de 89 años cuando pregunté por uno de los elementos que más llaman la atención en su casa, la número 14 de la calle Peralta.

Luis Felipe Rodríguez Columbié, Premio Nacional de Arquitectura en el 2003, nació en Baracoa, pero fue Holguín la ciudad que ayudó a construir. La escuela secundaria Juan José Fornet Piña, el Hospital Pediátrico, la Terminal de Ómnibus, la sede de Telecristal, el Monumento a las seis columnas, la urbanización de la Avenida Los Álamos, entre otras obras, se proyectaron desde su cabeza.

¿Por qué arquitectura y no otra carrera?

“De muchacho me regalaron un juego que era de armar casas. Tenía un montón de piezas, yo hacía puentes, casitas, calles, castillos. Comencé a fijarme en las construcciones que veía por ahí, y a compararlas con mi juego.

“Empecé a estudiar la carrera en Santiago de Cuba. Desde mi pueblo no había carreteras, ni nada que nos conectara con un lugar tan lejano por tierra, solo existía un vapor. Navegando para llegar a clases estuve los dos primeros años de la academia, hasta que me fui para La Habana donde vivían dos de mis ocho hermanos.”

Por esos años oyó hablar de Le Corbusier, uno de los fundadores del racionalismo, de Niemeyer y el hormigón armado. Se enamoró del gótico: “es un estilo orgánico totalmente, los decorados son funcionales. Por ejemplo, las gárgolas eran un adorno, pero servían para expulsar el agua que venía del techo”.

En esa etapa comenzaban a construirse en La Habana los primeros edificios altos: “fue en los años ’30 y ’40. El primero fue el López Serrano, que está en Línea, y luego el Bacardí que es el mejor ejemplo del art-decó en Cuba.” Pero esas grandes edificaciones nunca llamaron su atención, hasta hoy piensa que “el hombre fue hecho para vivir en la tierra, no a medio kilómetro encaramado en edificios altísimos.” En sus años de estudiante solo lo cautivó una casa en Marianao, perteneciente a un ricachón de la época de apellido Cueto de La Nodal.

Llegó recién graduado a la ciudad de los parques en 1947. Las imágenes que nos describió de aquel entonces parecen fotografías en sepia o una película en 35 milímetros gastada por el tiempo: “El Reparto Peralta era un guayabal, aquí se tiraban las avionetas que venían a fumigar. Cándido Peralta que era el dueño del terreno, empezó a trazar calles con un buldócer y a vender solares. Yo vi el crecimiento de todo este reparto, que llegaba hasta ahí, hasta el río. De hecho Holguín tenía sus límites en los ríos Jigüe y Marañón, fuera de eso no había nada.

“Durante la dictadura de Batista muchos campesinos llegaron aquí buscando trabajo. Se construyeron más de 10 mil bohíos en los alrededores de la ciudad. Le decían el cinturón de guano. Eran construcciones infrahumanas sin acueducto ni alcantarillado. La población holguinera se duplicó en esa década.”

Los holguineros no podemos presumir de edificaciones grandiosas como Santiago de Cuba o La Habana, quizás porque somos una ciudad más joven, ¿qué define entonces a la arquitectura holguinera?

La define el racionalismo. Ese era el estilo que se priorizaba en la construcción cuando llegué a la ciudad. Sin embargo existen obras como el teatro Eddy Suñol y el ITH que pertenecen al art-decó. En la Casa Iberoamericana hay reminiscencias de lo que era el art nouveau, pero no es puro. Existe también mucho eclecticismo, que es la combinación de varias líneas arquitectónicas.”

¿De sus construcciones en Holguín, por cuáles siente mayor afecto?

“Mi obra más grande es el colegio Los Maristas (Colegio Champagnat Hermanos Maristas, hoy escuela Juan José Fornet), y otra que me gusta mucho es la intervención que tuve en la iglesia San José, para ampliarla de tres a cinco naves, pero el proyecto quedó inconcluso. Otra edificación que tengo entre mis preferidas es una que proyecté en Yareyal, a Ramón Camayd, dueño de la estación de ómnibus y de los autos Camayd.”

¿Qué no debe faltar en una casa bien diseñada?

“Creo que no debe faltar un lugar para que los viejos se retiren, a ver televisión, sin entrar en conflicto con el resto de la familia, donde las generaciones puedan convivir de la mejor manera. Se debe buscar la amplitud aunque el espacio sea pequeño.

“La casa debe estar en consonancia con el medioambiente. Un lugar ecológico tiene ventanas grandes, entra el aire, el sol, hay árboles por todos lados. Las construcciones, en general, deben considerar la relación con el entorno, por ejemplo, este río que pasa cerca (Marañón) lo fueron estrangulando, disminuyeron su cauce. Por eso se desborda cuando llueve.

¿Dónde guarda sus planos?

“En mi vida he construido más de cien estructuras y de casi ninguna tengo los planos. Solía guardarlos en un archivo que teníamos en casa de mi ayudante en La Habana. Cuando me vestí de miliciano, él se peleó conmigo. Un día fui a la capital a una reunión del MICONS, y aproveché para consultar unos proyectos estructurales. Cuando llegué todo estaba cerrado. Pregunto: ¿Qué pasa aquí que está sellado?. Él se fue por el Mariel y quemó todo lo que había ahí, dijo alguien. Me embarcó.”

Columbié proyectó edificaciones además de Holguín, en La Habana, Las Tunas, Bayamo y Baracoa. Le llegó la jubilación en 1983, pero no detuvo su labor en las últimas décadas. Por estos días forma parte del equipo para la remodelación de la pista de patinaje, cercana al parque infantil “Los Caballitos”.

En su currículo aparecen numerosos reconocimientos de la dirección del Partido, el CITMA y otras instituciones como la UNAICC, de quien fuera el primer presidente en Holguín. Se inició en la docencia como Profesor Honorario en la Escuela de Arte y Oficio, pero aún alejado de las aulas, se siente cerca de los jóvenes: “Ellos me consultan mucho, siempre les digo que sean honestos, que estudien y que respeten la obra de otra persona”.

Casi a la salida de su casa, pregunté ¿Y esto por qué?, al notar que el mango de la puerta está en el medio y no en uno de los extremos como es usual. “Por bonito” responde y hace una pausa, “pero está mal, porque la gente cuando abre, como no está acostumbrada, se da en la cabeza”. Sonreímos. Dejé atrás la puerta y salí a la ciudad. Percibí entonces que caminaba por un mundo que alguien diseñó, y que se transforma con el ritmo diario. Es como si viviéramos en el sueño de un arquitecto, caminamos en su mente, somos figuritas pintadas en un proyecto. Una figurita salió del papel, llegó a la casa, tocó la puerta, la abrió por el mango que está a la mitad, y se presentó para una entrevista.

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4 Respuestas a “El sueño de un arquitecto

  1. Pingback: Falleció Columbié: se fue el hombre de las casas | Holguineros

  2. Yo tuve el privilegio de trabajar varios años junto a este gran Arquitecto, humilde, callado, educado y respetuoso.
    Fue presidente del Colegio Nacional de Arquitecto en la provincia de Holguín por los años 1966 -68 y miembro del secretariado del Colegio por muchos años, cuando Obras Publicas ( Micons) radicaba en Maceo No. 2 frente al parque Infantil.

  3. Cuando un persona es brillante su luz se irradia a los que lo rodean, tuve el privilegio de trabajar como su diseñador eléctrico y de aire acondicionado, y todos los días aprendíamos algo de el, cuando diseñamos telecristal, la piscina del Valle Mayabe, algunas escuelas y edificios, siempre había una sonrisa en sus sugerencia, nuestro señor debe estar muy satisfecho con las mejoras que pueda hacer” allá arriba”

    • Así es Luis, Columbié era un hombre muy especial, fue una suerte haberlo conocido, haberlo entrevistado en su propia casa en el pequeño castillo racionalista que creó para él y su familia, y sobre todo, habitar la ciudad que él ayudó a construir. Gracias por el comentario, lo espero de vuelta

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