Archivo mensual: abril 2012

GIBARA EN FESTIVAL

Las lunas de Méliès: pobres e ingeniosas Por Aracelys Avilés y Leandro Estupiñán

Decenas de máscaras con la célebre luna de George Méliès desfilaron por la calle Independencia para inaugurar desde la céntrica arteria gibareña, la 10ma edición del Festival Internacional del Cine Pobre. La banda municipal, los delegados, los payasos, los niños, los pobladores, todos llegaron juntos hasta la plaza de la iglesia, para entonar el himno de Gibara y escuchar a Lester Hamlet, nuevo director del evento.

“Año bisiesto”, del realizador mexicano-australiano Michael Rowe, inauguró las exhibiciones en el cine Jibá, sitio donde, además, se preparaba el escenario para una de las actividades más esperadas: los paneles teóricos. “Sexo transaccional, transgénico, diversidad sexual y otros vicios”, fue de las primeras temáticas discutidas en el lobby del cine Jibá.

Para hablar de la mujer y la creación se reunieron en el mismo lugar, el jueves, mujeres de tres nacionalidades. La cubana Liset Vila aseguró que la desigualad de géneros está en todas partes y que “no es un concepto sociológico, sino político”.

Isabel Santos opinó fuera de panel que “el cine cubano siempre ha sido muy machista. Los protagonistas son hombres, los directores son hombres. Trabajar con la mujer es difícil, pero Humberto, por ejemplo, lo hacía genial.” Ella es una de las homenajeadas de esta edición, junto a Sandra Ramos, artista de la plástica, responsable del cartel y otros soportes visuales del Festival.

De “su niña con cara de luna” habló para las cámaras: “El cuerpo de la pionera tiene que ver sobre todo con el significado de la palabra en sí. Pionero es ser primero en algo, y la luna de Georges Meliés, habla de los inicios del cine, que además, se hizo con muy bajo presupuesto.”

Muy cerca del cine, en el parque central, un grupo de personas tratan de ponerse de acuerdo respecto a un asunto que solo ellos conocen. Una cámara y un juego de luces los custodian. Se trata de uno de los equipos de rodaje que por estos días de Festival, convierten a la Villa Blanca en un gran set cinematográfico.

“Este era un viejo sueño de Solás”, dijo Lester Hamlet al referirse a la manera en que el certamen incorpora a sus jornadas la realización. Hasta el inicio del evento se habían reunido unos 12 guiones, aunque pueden sumarse otros directores, otras ideas. “Quieres que llore”, “Pepín”, “Como el que más”, y “Por primera vez”, son algunos de los nombres provisionales de los proyectos, en rodaje por estos días, y que al final conformarán el largometraje “Gibaras”.

Otro viejo sueño hecho realidad fue la extensión del Festival. Gracias a la red de educadores del Centro Martin Luther King, el Cine Pobre llegó a toda la Isla. La institución, además, otorga uno de los premios especiales, el de Ópera Prima a la obra que mejor refleje los valores humanos, y para ello trajo hasta la ciudad un grupo de especialistas encabezados por Tamara Roselló. Se integran también a este tipo de lauros, la EICTV de San Antonio de los Baños, la UNESCO, con el Premio Cámara de la Diversidad, y el Centro Pablo de la Torriente Brau con el Premio Memoria.

El Vancouver FilmSchool otorgará un premio para obras de Animación y Videoarte de los cuantas compiten en la categoría Videocreación. Adrián López, parte del jurado en esta, comentó que “es una especialidad nueva en el Cine Pobre, le llamaron videocreación, pero cuando el jurado comenzó a trabajar, concluyó que hay tres vertientes: videoarte, animación y videoclip. No pueden medirse en una misma balanza. Tomamos la decisión de premiar cada una de manera independiente”.

Además de las 30 obras experimentales realizadas en vídeo, integraron la sección en concurso 38 filmes de ficción, 31 documentales, 11 guiones y cuatro maquetas. Se instituyó el Premio Adria Santana para galardonar los desempeños actorales en ambos sexos, en honor a la actriz cubana que falleciera en septiembre del año pasado. Un jurado que integran Isabel Santos, Lester Hamlet y Pastora Vega evalúan los ocho nominados.

Desde el inicio del Festival, la antesala del Cine Jibá ha sido también espacio galérico. “La utilidad de la virtud”, una expo-colectiva que integran autores como Alicia Leal, Eduardo Roca (Choco), Juan Vicente Rodríguez Bonachea, Rubén Rodríguez y Manuel Comas, se compone de una treintena de obras de pequeño formato sobre papel craft, en los que se discursa sobre la mujer, la creación audiovisual, la niñez, la diversidad, entre otros temas. Rodríguez y Comas, además, inaugurarán mañana una muestra con el tema del erotismo.

Complementan estas exhibiciones la expo “Arte abstracto” de los autores Nalia Martínez y Juan Carlos Anzardo, quienes a su vez se unen bajo el nombre de Proyecto 2. “Humberto (Solás) conocía mis obras, y se interesó porque hiciéramos una exposición conjunta, precisamente para romper la tradición del arte de Gibara, que es muy conservador, muy de paisaje, y así llegamos hasta aquí”, comentó Anzardo.

En la Casa de la Cultura hubo muestras fotográficas. Siluetas a contraluz, La luna de Gibara, o La danza uniforme de los barcos en el mar, del fotógrafo José Julián Martí Montero, ejemplifican una de estas. Exposiciones.

Aún queda Cine Pobre para hoy y mañana: un panel con representantes de la UNICEF; el taller de pintura de papalotes; la distinción a Tanya Valette, psicóloga, guionista y realizadora audiovisual dominicana; las proyecciones y otras acciones colaterales.

La última actividad, esa que sirve de preludio a los delegados antes de que regresen a los hoteles y hagan sus maletas, será un concierto de Interactivo y Santiago Feliú, según el programa. La presentación tendrá lugar en la Plaza Da Silva, espacio que ha funcionado todas las noches como puerto seguro para quienes decidan terminar la jornada con música. El DJ Iván Lejardi, Descemer Bueno y Qva Libre se alternaron en la pista.

Esta vez, los delegados llegaron a una Gibara optimista, dispuesta a asumir con el mismo ímpetu, esa fiesta de las artes que iniciara Humberto hace una década. Para el nuevo equipo de producción, este décimo encuentro fue como un ensayo en el que no todo salió como se planeara. Algunos foros se suspendieron y faltó comunicación, aún así los materiales llegaron a la pantalla. Quizás deba replantearse el devolver a la Casa de la Cultura, una construcción mucho más amplia y luminosa, la sede de los encuentros teóricos, y que estos vuelvan sobre temas medulares como la producción y la distribución, en un mundo aún signado por la hegemonía de las grandes industrias.

Algún “loco” podrá llevar aún la inolvidable luna de Méliès pegada al rostro. Ahora, aquí, símbolo de lo que es pobre, pero también de mucho ingenio, como el francés que la volviera icono. Y esta vez no es un telescopio lo que irrumpe en su rostro, sino una silueta, la Isla de Cuba transformada en otro camino al cine.

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Holguín: Diversidad religiosa que nos define

Dicen que cuando se creó el mundo, en las tierras más fértiles nació Orisha oko y en los espacios putrefactos y hediondos, surgió Babalú ayé, y con él la enfermedad. Un día Olofi le pidió que no se acostara con ninguna mujer y que respetara la abstinencia del jueves santo, pero Babalú lo desobedeció, y Olofi lo castigó con la muerte. Obatalá intercedió para que lo resucitara, pero no pudo convencerlo, hasta que fabricó una especie de oñi o miel, a la que Olofi no pudo resistirse. Fue así que Babalú regresó de entre los muertos, a cambio de aquel elíxir. Este Babalú Ayé de la Regla Arará es el que se identifica con el San Lázaro que veneramos los cubanos, y que viene de la Biblia.

Escuché al profesor Carlos Lloga, especialista de la Casa del Caribe, hace dos días, y recordé al San Lázaro que tiene mi prima en el pasillo de la casa, y de las veces que ha llevado azucenas al mar, o de cuando se compra pulsas y aretes que suenen mucho, o cuando anda buscando ajo, coco, miel, para algún remedio.

De la Virgen, de Babalú ayé, del protestantismo en Cuba, del espiritismo de cordón y de la conformación del panorama religioso holguinero, también hablaron en aquel panel en la Casa de Iberoamérica de Holguín, los profesores Alejandro Torres Gómez de Cádiz, Gonzalo Grimal y Oscar Barzaga, movidos por el nuevo aniversario de la fundación del hato holguinero (4 de abril de 1545) y de lo que el culto popular religioso significa en la idiosincrasia de cualquier pueblo.

Alejandro Torres Gómez de Cádiz es un excelente profesor, siempre va a la esencia y al origen de todo. Fue el primero en hablar y definió el campo religioso holguinero como “amplio y polivalente” y muy ligado, como en otras regiones, a los grupos étnicos que se fueron asentando en Holguín desde la llegada de los españoles.

La presencia aborigen fue prominente en Holguín y “no seré tan indigenista para darle más valor del que tiene ni tan eurocentrista como para negarlo”, apuntó Alejandro, es decir, la cultura arauaca y sus ídolos de alguna manera dejaron huellas en nuestra identidad.

Sin embargo, los primeros siglos en la región estuvieron marcados por el catolicismo. La economía de aquellos años no precisó de la importación de esclavos negros (había un solo ingenio en Santa Lucía, lo que es hoy el municipio Rafael Freyre), por eso no tomó fuerza desde entonces la Regla de Ocha o el Palo Monte, eso vino después. El espiritismo llegó desde Bayamo, en el siglo XIX con el inicio de la guerra de independencia.

“El XX fue el siglo del viraje, del cambio, con la inversión norteamericana en Cuba”, definió el profesor. Se establecen en la Isla los antillanos que vienen de Jamaica, Barbados, Haití. Alrededor de esta fecha se termina la construcción del canal de Panamá (inaugurado el 15 de agosto de 1914), y parte de esa mano de obra se mueve hacia Cuba.

En 1913 se aprueba la contratación de braseros antillanos, y, por ejemplo, según documentos de la época, entraron a Gibara unos mil 200 haitianos.

Todo esto impactó en el campo religioso holguinero. Los jamaicanos trajeron el protestantismo, y con él La iglesia del Monte Sinaí y el pentecostalismo negro. Surgieron también las iglesias metodistas y bautistas. En la década del 40′ con la movilidad social que trajo el desarrollo económico, llegan denominaciones como el adventismo, y otras como la Regla de Ocha y el Palo Monte.

A finales de los 70′ con la nueva división política administrativa, Holguín como capital asumió a los municipios del Este (Moa, Sagua) con sus prácticas religiosas, y en la década del 80′ se terminó de conformar el panorama religioso de esta región nororiental.

“El holguinero, como el cubano, es creyente”, dijo casi como conclusión, Carlos Lloga, el especialista de la Casa del Caribe que mencioné antes, y es cierto, los cubanos entramos y salimos de una religión a otra sin ningún prejuicio, y según nuestras necesidades. Recuerdo cuando hace ocho años estuve en terapia intensiva, y solo estuve consciente de mi gravedad, cuando vi a mi mamá con tres hojas de salvia poniéndomelas en la panza en los únicos cinco minutos que me dejaban verla al día. No hablaba conmigo casi, solo se concentraba en aplicarme aquellos remedios, ella que nunca creyó en nada.

En cuanto a eso abundó más el profesor Bárzaga, sobre la función terapéutica de los cultos populares. Lloga, por su parte, insistió en que lo más importante no es preguntarse si Dios existe o no, sino dónde está y cómo le sirve a la gente. Habló también de la Virgen de la Caridad del Cobre y de la manera en que nos une a todos los cubanos. “A las procesiones de la Virgen va todo el mundo, no importa que los Católicos vean a María o que los santeros vean a Oshún, lo cierto es que permite el diálogo entre todos”, dijo el antropólogo.