Archivo mensual: marzo 2012

Los androides comenzaron a aplaudir

Fui la última en llegar y todos miraron a la puerta a la misma vez, como androides programados para reaccionar juntos a un sonido. Los músicos se miraban entre sí para acordar el próximo comienzo, y el público devolvió la vista al escenario.

El silencio era tan sepulcral que cualquier gesto resultaba incómodo en extremo: el zíper de mi bolso, la señora de adelante que cruza los pies y arrastra los zapatos contra el piso. El piano y el cello sonaron al unísono y un tango de Astor Piazzola me lleva a una calle con adoquines, sin aceras y con edificios sucios. Era un lugar cutre por el que yo corría, aunque no me veía a mí misma, sino a las fachadas que solo dejaban encima de mí una línea estrecha para ver el cielo, gris y sucio también. La música era intensa y el cello agudo y sinuoso.

Un chico de ojos melancólicos movía el pie al ritmo de Piazzola y una adolescente movía toda la pierna con una cadencia divorciada de todo sonido, apenas como escape nervioso.

Terminé de correr por aquella escena que intuía en blanco y negro, y de nuevo el silencio. Tuve ganas de aplaudir, fuerte, pero nadie lo hizo. Alguna vez estuve en un lugar donde unos aplaudían, y otros reprochaban: “Ahora no, es al final”, decían los supuestamente más entendidos. Creo que aquello fue como cura de caballo, porque aquí nadie aplaudió aunque fuese el final de la pieza.

El cello y el piano volvieron a la carga y esta vez me vi en una foto medio gastada, con sombrero de bombín y en un globo de gas helio. Estuve por segundos en una película de Fellini y después en un campo de margaritas blancas, en un paisaje muy colorido, donde todo se mecía al compás del viento fortísimo. Había una felicidad en esos acordes difícil de explicar.

Nadie se movía, ni comentaba nada. Solo el muchacho de ojos melancólicos giraba la cabeza, quizás buscando identificarse con los demás, quizás porque también estaba emocionado y buscaba compañía en el sentimiento.

Terminó la pieza y de nuevo el mutismo. El público estaba encartonado, en realidad la hora no ayudó mucho porque aún era de día, y a veces solo la oscuridad de la noche puede desinhibir a la gente. Tal vez definió, el hecho de que solo hubiesen dos parejas y muchos solitarios. Cuando uno va solo a los lugares siente que no tiene en quién proyectarse, se queda uno ahí con cara inexpresiva, hasta que llega un amigo y es que uno se desarma, se ríe si está feliz, gruñe si está cansado, pero de los solitarios es muy difícil hacerse una idea porque no se proyectan en lo absoluto.

Tiene que ver también con el tipo de música. La gente llega a las salas de concierto con sus mejores atuendos, y casi en reverencia. Hay un consenso de seguir cierto protocolo, y tanta fanfarria heredada coarta la espontaneidad.

Yo miraba la espalda de los demás, e intentaba imaginar el rostro de cada uno. La señora que arrastraba los pies, seguro sonreía; un muchacho detrás de ella con gorra y collar de obatalá, debía tener cara de aburrimiento porque estaba casi acostado en la silla; la adolescente seguía moviendo la pierna, no pude imaginar su expresión; y el muchacho de los ojos tristes creo que estaba serio.

Por momentos, sobre todo en los silencios, los músicos viajaban en una burbuja, bien lejos de nosotros el público. El rostro del cellista era el más visible, sus gestos traducían el esfuerzo en la ejecución del instrumento. La pianista se sumergía más en las teclas.

En medio de la quietud y de los acordes fusionados llegó el final de la pieza, y sin espera, el de los ojos melancólicos, se disparó de la silla y dijo: ¡Bravo! y los demás lo siguieron en aplausos. Una única energía desembocó en él. Yo reí, no sé si los demás lo hicieron, pero fue como si de repente hubiésemos encontrado en quién proyectarnos. Sentí que todos corrimos, volamos y vimos postales viejas, solo que necesitábamos aquel grito para despertar del sueño aletargado, mirarnos a la cara y aplaudir juntos.

El dúo Presto de la ciudad de Las Tunas se presentó este sábado en concierto único en la segunda planta de la Biblioteca Provincial Alex Urquiola. Hindira Mastrapa (piano) y Danilo Lozada (cello) compartieron con el público obras de Saint Saenz, Gabriel Fauré, Astor Piazzola y José María Vitier.

Quizás se esté esculpiendo ahora una estatua de Benedicto XVI…

Es posible que luego de la visita de Benedicto XVI, una estatua similar a la de Juan Pablo II, repose también en uno de los costados de la catedral de San Isidoro en la ciudad de Holguín.

La idea de una escultura como esta del Sumo Pontífice que visitó tierras cubanas en 1998, no nació de una institución religiosa, sino del artista plástico Héctor Carrillo Alfonso, de 46 años.

La estatua del Papa Juan Pablo II, la primera que se erigió en Cuba, fue construida en dos meses. Según relata Carrillo, primero se hizo un molde de barro, luego de yeso, y finalmente se fundió en concreto. La estatua mide dos metros y 30 cm y en ella, Juan Pablo II lleva el traje habitual: el alba, la casulla, la mitra y el báculo en una de sus manos.

El 26 de junio del 2005, la escultura se trasladó desde la zona de Pedernales hasta la catedral de Holguín, situada frente al llamado parque de las Flores.

Comenta Carrillo que como es usual, las manos y la cabeza se tallaron aparte, por ser las secciones más complicadas. La estatua nunca fue pesada antes de ubicarla en los exteriores de la iglesia, pero su autor asegura que pesa alrededor de 2 ó 3 toneladas. En su confección participó además, el escultor Henry Wilson.

Según un reporte de aciprensa del 27 de junio del 2005 fue develada por el Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino al término del Congreso Eucarístico Diocesano. En ese entonces, el Papa Juan Pablo II había fallecido hacía alrededor de dos meses. Un monumento similar a este se inauguró en Santa Clara en febrero del 2008.

Regresaré al Cobre

Cuando murió mi abuela, apenas lloré. La noticia era esperada, 97 años, una operación de seis horas que aguantó como guerrera y una cicatriz en medio de la pancita arrugada, el resultado era previsible. Lloré, pero sin mucha convicción, como si ya estuviera acostumbrada al hecho o como si no entendiera nada de lo que estaba pasando.

No supe muy bien cómo encauzar lo que tenía dentro, hasta que meses más tarde visité el Santuario del Cobre en Santiago de Cuba, y sin razón aparente me senté en uno de los bancos y comencé a llorar.

La imagen de la Virgen me traía a mi abuela de vuelta. Era la primera vez que necesitaba asirme a esa imagen, abrazarme a ella. Aquel ícono era como el puente entre mi abuela y yo. Nunca he podido ponerme de acuerdo conmigo misma en cuanto a creencias religiosas, mi pensamiento racional y lógico me lleva a creer que el mundo no se creó en siete días. Me inclino más por la teoría del Big Ban o la teoría de la especies de Darwin. Pero aquel día en aquella sala, mi abuela estaba tan cerca…

Es que resulta ingenuo y pretencioso creer que no existe nada más allá de las leyes físicas, de lo que vemos y palpamos (creo que fue Parménides, el filósofo, quien dijo que nuestros sentidos nos engañan) y es que hasta me gusta la idea de que existan cosas que la ciencia no pueda explicar, que sea Dios o no, que sea el Dios de unos y no el de otros, ya eso es otra cosa.

Hoy miles de peregrinos irán al Santuario, un hervidero de gente se reúne en la plaza de los machetes de Antonio Maceo. Unos irán a recibir a Benedicto XVI con la primera comunión hecha, otros con collares de orula, otros por curiosidad. El pontífice encontrará un pueblo sincrético, rico en tradiciones y prácticas religiosas, pero respetuoso entre sí.

La visita del Papa es una oportunidad inigualable para situar a Cuba en el mapa, aunque como dice un colega (Istvan Ojeda) no lo necesitamos para legitimarnos, ni para probarle al mundo que en Cuba no se violan los derechos humanos, pero es bueno que haya venido.

Yo no iré al Cobre, no hoy, no con el Papa y con los miles de peregrinos. Regresaré después, a reecontrarme con los míos, a solas.

Primer Festival de Fotografía Autodidacta en Holguín

“Sembrando arte” es un proyecto comunitario que encabeza Miroslava Jaime y su esposo (ahora no recuerdo el nombre), ellos van por ahí, hacen fotos de una temática como la mujer rural, por ejemplo, y después van a esas mismas comunidades y exponen sus fotos, además de que las ponen también en minigalerías de la ciudad. La idea me parece muy buena al margen de que sean fotos buenas o no, el hecho de que el ser humano se vea representado, visualizado, expuesto, lo ayuda a formarse una mejor idea de sí mismo, a verse desde otra perspectiva y de que lo vean los demás, por supuesto. La última buena idea que tuvieron fue la convocatoria a un Primer Festival de Fotografía Autodidacta en Holguín y durante las Romerías de Mayo, no sé hasta qué punto es bueno ponerle apellido a una fotografía, una imagen es buena o no, no importa quién la haga, pero entiendo que buscan un espacio para legitimarse ellos y quienes andan con una cámara, sin un conocimiento aparente, haciendo fotos por puro instinto. La idea está muy buena además, porque no hay que imprimir las fotos, quienes queden seleccionados podrán ver sus imágenes colgadas sin haber gastado ni un quilo. No conozco los patrocinadores, pero sé que mi amiga Miroslava Jaime es buena produciendo y consiguiendo cosas. Así es como se produce ahora, en el cine también, uno consigue “cosas” casi siempre por la vía extraoficial.
Y en fin, para quienes quieran participar aquí va la convocatoria completa.
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Comienza Jornada de Conciertos en Holguín: Picnic con saxofones de fondo

Mientras la batuta del maestro se alza frente al atrio, el ama de casa lava los platos en la cocina, el perro corre temeroso de la patada del transeúnte, y los tamarindos caen sacudidos por los “chamas” del barrio o por pura fuerza de gravedad. Comienza la Jornada de Conciertos en Holguín, y solo cuando todos los instrumentos palpiten a un mismo gesto y rellenen la sala de alguna institución, y solo cuando esté usted sumergido entre tanto vaivén que arropa, despierta, sacude, aturde, calma, se dará cuenta de que, a pesar de que los calderos sigan sonando, y el viejo levante las piernas para ver televisión, algo distinto está pasando en alguna parte de la ciudad.

Esta XXIX edición, se extiende hasta el 25 de marzo y está dedicada a la Banda Provincial de Conciertos y a la música de cámara. Ambas dedicatorias eran previsibles, la Banda Provincial cumple 90 años en este 2012 aunque hace algunos meses ya iniciaron las celebraciones. También desde hace algunos meses tienen una sede propia, allí justo en la Plaza de la Marqueta, que no es el mejor lugar por la acústica, pero que ha servido para los ensayos, y, por consiguiente, para que se reanuden las retretas en el parque Calixto García los domingos en la noche.

Por otro lado, la música de cámara se ha ido organizando en Holguín. Se le llama así a la música “escrita para ser interpretada por un grupo reducido, generalmente instrumental”, según el Diccionario Harvard de Música online. Se incluyen aquí los tríos, cuartetos, quintetos, sextetos, septiminos y octetos en diferentes combinaciones de cuerda, viento y piano.

Los veteranos en estas Jornadas casi siempre esperan a la orquesta de Guido López Gavilán o a la Camerata Romeu que no vendrán, pero precisamente la aparición de agrupaciones de pequeño formato, permiten diversificar el programa, y aunque ninguno de estos renombrados lleguen hasta aquí, no habrá baches en las presentaciones y por lo demás, la música de cámara holguinera estará sola, a merced de un público con altas expectativas, lo cual será un incentivo inigualable para los músicos.

El cuarteto de saxofones Melody Sax estará en el coctel de bienvenida en el patio de la UNEAC a las 4 de la tarde del 22; el Dúo Savarez, el cuarteto Bayado y la Orquesta de Guitarra se presentan el viernes 23 en la Periquera a las 5; Pizzicato estará en la UNEAC ese mismo día, pero a las 9 de la noche.

Habrá espacios para la música lírica y también para teorizar, pero los pequeños formatos de instrumentos serán no quizás el plato fuerte -tal vez no sea saludable comparar esta jornada con un gran banquete-, sino con esos picnic que los enamorados toman bajo la sombra de un roble, y en el que cada bocado es una fiesta. Es cierto que el concierto inaugural será la primera noche, en el Teatro Eddy Suñol con la gran banda de conciertos, pero la música de cámara vendrá después, solapada, sutil, íntima.

Cuba y Bolivia: Raíces de una misma tierra

René Huaillpa Yanique llegó a Cuba con 22 años y ahora tiene 29. Estudiaba medicina en La Paz, Bolivia, pero había escuchado del prestigio de la enseñanza médica en la Isla caribeña y además, no tenía certeza de si podría terminar la carrera en su país, así que optó por la beca y llegó a Holguín, a casa de Isidora Gordon y Miguel Ramos, un matrimonio que además, tenía dos hijos varones.

“Yo quería una hembra, pero los psicólogos decicieron que fuera varón, y así llegó el cuarto hombre a la casa”, comenta Isidora quien asumió a René como uno más de sus hijos.

Rocío se integró después a la familia Ramos Gordon. Traía consigo los recuerdos de Santa Cruz de la Sierra, un lugar donde hay más selva que casas y en la primavera las flores se notan mucho. Ella es la menor de ocho hermanos, y decidió venir a Cuba para desahogar a su padre agricultor, quien ya llevaba sobre sus espaldas el pago de cuatro hijos universitarios.

El encuentro entre bolivianos y cubanos se produjo en agosto del 2005. Por esa fecha llegaron a Holguín mil 680 jóvenes de la tierra comandada por Evo Morales. Más de mil familias de la provincia reacomodaron su casa, sus horarios, sus costumbres para hacer un espacio a los jóvenes, estudiantes del Nuevo Programa de Formación de Médicos Latinoamericanos en Cuba.

“Es un proceso muy complejo, porque uno viene a una casa en donde no conoce a nadie, y no sabe cómo debe comportarse, qué puede molestar”, comenta Iver Omonte Carreño de Cochabamba, otro de los bolivianos que llegó a Holguín y encontró en casa de Ana María Cáseres la comprensión y la calidez de una familia.

“Siento que este ha sido un sentimiento recíproco, porque él me ha contado sus problemas, pero también me ha ayudado cuando he tenido algún disgusto en el trabajo, o alguna preocupación”, explica Ana María, una madre trabajadora, vecina de Vista Alegre.

Las contrariedades no fueron pocas. “Algunos de mis amigos no se adaptaron o tuvieron que cambiar de casa, pero yo estuve los siete años con Isidora y Miguel, quienes me han dado mucha confianza, hasta para traer a mis amigos a compartir aquí, de hecho, se convirtieron en los padrinos de mi grupo de clase”, cuenta René.

Según Katia María Ochoa, rectora de la Universidad Médica “Mariana Grajales”, Holguín fue una de las pocas provincias del país en la que los estudiantes permanecieron en casas de familia, y no en instituciones escolares. De los mil 455 que egresan en esta primera y única graduación, 724 lo harán en esta provincia y el resto en su país de procedencia, a donde fueron a cursar desde hace un año su práctica pre-profesionalizante, conocida como internado.

“Yo no quiero pensar en el momento de la partida”, -ha dicho Ana María- “fue un honor para mí participar en el programa, yo quería ayudar a formar a un médico con los ideales humanistas, y de solidaridad de los cubanos, y me siento muy orgullosa de Iver”.
Según René, en su natal ciudad La Paz, hay muchas clínicas y unas cuantas privadas, “allí el trato es muy bueno, te brindan hasta café, pero te cobran hasta el aire que respiras, y lo primero que te preguntan es si tienes seguro. Nosotros nos vamos con otra enseñanza, Cuba y Holguín nos han marcado para siempre”.

Ha pasado mucho tiempo desde que René llegó a la casa y le sirvieron un congrís con carne de cerdo, muy diferente al Sayse o al Chairo que comía en Bolivia. Ya poco recuerda de las veces que se encerraba en su cuarto pensando si alguien se molestaría por comer un pan más o porque cambiara el canal de la TV para ver el fútbol.

También para Isidora, Ana María, Idaelsis o Georgelina, y otras tantas que no se mencionan aquí, el cambio fue radical. Asumir una boca más en casa, más ropa que lavar o platos que fregar, no medió en la decisión de quienes se crecieron ante la petición de dejar entrar a un extraño en la casa, para acompañarlo en su formación como médico.

Ahora viene una nueva etapa, la de la nostalgia, ya no por las selvas de las Sierra, ni por el Sayse, ni por los cerros de Cochabamba, sino por otra familia que se queda en Holguín, en Cuba y los recuerdos llegarán luego como quien vivió otra vida, en otra latitud, en otra cultura. Los jóvenes bolivianos echaron raíces en cada una de las familias donde se establecieron, aunque no perdieron su cultura, sino que crearon una nueva con elementos de una región y otra, como si crearan una misma tierra, que no podrán unir en lo físico, pero sí en el sentimiento.