Archivo mensual: mayo 2012

Historia de Ramón y la tierra que nació desde sus pies

Cuando uno mira el terreno de Ramón Félix Rodríguez lo que primero capta la vista son los contornos y la uniformidad con que todo está dispuesto. Una hilera de piedras entre cada hilera de cultivos, y donde no hay nada sembrado, varios palos ubicados uno paralelo al otro, casi con la precisión de un matemático. Tanta exactitud no es necesaria, pero Ramón es curioso y además de proteger el suelo, lo decora para cuando venga todas las mañanas con la taza de café a contemplarlo. Sigue leyendo

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Rumbo a Holguín: Notas desde una Terminal

Estoy en una terminal, el lugar más colorido y diverso que conozco. Los viajes siempre me sacuden y me devuelven la perspectiva. Lo que más disfruto es la gente que se conoce, gente tan diferente a uno, que solo en un lugar como este es posible una conversación o algún tipo de intercambio por más de dos horas…

Ya no sé cómo sentarme, al principio me pareció genial llegar hasta esta silla, pero ahora no tanto, el piso o el maletín se ven más cómodos…

….

“¿Este tipo no ve la facha que tiene? ¿A quién va a convencer?” le dije a la señora de atrás riéndome, aunque no tenía ganas de reírme, pero igual buscaba complicidad, compañía. El negro aquel de verdad tenía una facha sospechosa, hablaba enredao, como un borracho.

He conversado con los tres de atrás, con la de al lado, y con los dos de adelante, así que me siento en una especie de Isla, todos están tan embarcaos como yo, eso nos une. A mi izquierda hay una L de maletines, uno bien juntito al otro, un caballo de ajedrez podría pasearse por ellos sin romper las reglas del juego… La frontera de maletines me custodia, y viéndolos juntos así, parece que todos somos una partida de trotamundos…

……..

Aquel negro perseguía a la gente como un perro al que le han echado varios huesos y no sabe con cual quedarse, y los huele todos, indeciso, con ansiedad, pero cuando agarra uno, lo despedaza, lo muele de un solo golpe. El negro mismo parece un perro, trae los ojos entreabiertos como si le pesaran los párpados, y en uno de los pómulos tiene un grano enorme.

Después de que engancha el pez, o sea, que logra la atención de alguien, cosa rara porque todos le huyen, comienza su jerigonza, les ofrece una vía más rápida para irse de aquí, unos le siguen, otros ni lo miran.

……….

Sigue llegando gente a anotarse en la lista de espera, ellos no tienen nada que ver conmigo, vienen a anotarse hoy para irse mañana, sus caras no me dicen nada, no reparo en ninguna de ellas… solo veo un cúmulo de gente que se amontona cada vez más… 

Recuerdo una vez en que vi el amanecer en esta Terminal, la señora de la limpieza pacientemente fue barriendo, y pasando el trapeador, nadie hablaba por el cansancio, y verla fregar el piso fue como si pudiera quitarme un poco el churre que traía yo encima.

La Terminalestá repleta, todos los asientos ocupados, y un centenar de personas acostadas en el piso, sobre sus bolsos, sentados en periódicos, llenando crucigramas, tomando refrescos, comiendo pollo en cajitas de cartón, conectados a un teléfono público, conversando o mirando a la nada.

Mi compañera de enfrente es superexpresiva, con ella cerca no me siento sola, porque habla mucho y mi mente viaja en sus palabras, pero no va en la misma dirección que yo, y es mejor que no me encariñe porque lo más probable es que se vaya primero, y entonces, es como empezar de nuevo…

La gente se va, coge sus maletines y se va, con una risotada en la cara, apenas puedo escribir, ya está oscureciendo y los focos encima de mi cabeza no sirven, el sabueso no ha venido más, a dónde habrá ido?, estará acostado sobre algún saco, o buscando algo de comer, ¿tendrá alguna cama cálida o un plato de comida? ¿Cómo habrá llegado a convertirse en lo que es? ¿En qué momento la gente pierde el camino?

Su ausencia me recuerda que ya se está haciendo tarde…

 La Terminalparece un lago de mugre, esto es la selva… uno aquí se siente tan solo, y tan fuerte a la vez, siempre habrá algo idílico en esto de coger una mochila e irse solo a alguna parte, tú eres tu barco, tu capitán, tu remo, tu salvavidas…

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Romerías de mayo, me duele la cabeza y quiero ser omnisciente……..

Acaba de abrir wordpress, hace días lo estoy intentando, porque desde el 2 de mayo mi ciudad vive con intensidadla XIXedición de las Romerías de Mayo, y yo con ella, pero ahora mismo me duele tanto la cabeza que apenas puedo articular dos o tres palabras. Ahora mismo todo el mundo está en el estadio, las delegaciones desfilan, y yo detrás de esta computadora, enviando el último trabajo que escribí para el periódico La luz, diario del Festival. Quizás dentro de unos días pueda hacer un repaso, pero no ahora. Solo quiero contarles que en el desfile inaugural sentí que de verdad estaba en un festival mundial, por lo exótico de las presentaciones, el colorido. Una delegación rusa cantó y yo me sentía en un iglú en Alaska, qué abstracción, na que ver, pero de verdad me sentí en Alaska y no en Rusia, todavía me pregunto si los locutores se equivocaron al anunciarlos. En fin, que en Romerías uno se siente en un estado de ansiedad permanente, porque las propuestas son tantas, y uno con ganas de ser omnisciente o de tener el don de la ubicuidad… Siguen las romerías, también mi dolor de cabeza, desconecto……

Primero de mayo: banderitas, el sol, la gente y una Cuba que anda

Lo que más me gusta del primero de mayo, es la música que llega desde la plaza cuando aún remoloneo en la cama. Es de noche, los gallos aún no cantan, pero afuera hay un murmullo inusual. Mis vecinos salen de sus casas vestidos de azul, blanco o rojo, los colores de la bandera y como resumen, una banderita pequeña en la mano.

La gente va llegando de cualquier parte y como los afluentes de un gran arroyo, se van incorporando para formar la multitud. Recuerdo que de pequeña me llevaban en hombros, y desde mi altura provisional, todo era más fresco y alegre. Era usual encontrar a los amigos de mis padres, esos a los que siempre le parece que uno ha crecido demasiado en muy corto tiempo.

Después, supe de qué se trataba todo esto, supe que no en todo el mundo se celebra igual, de hecho, no se celebra, se pelea, se exige, como lo hicieran los obreros estadounidenses hace más de una centuria por la jornada de ocho horas. Las demandas de este siglo, son diferentes, pero igual de intensas y necesarias, porque se sigue soslayando el derecho del proletariado.

Las imágenes me llegan desde el televisor, la web, y no logro identificarme con esa realidad, mis inocentes recuerdos serían muy diferentes de haber nacido en otra latitud. Aún recuerdo el sol, “mami dame agua”, las caras desconocidas y yo, como reina en un trono, mirando desde la cabeza de mi padre cómo nacía un pueblo de entre las banderas.

Todavía quiero hablar de cine

Ya había olvidado la sensación de descubrir que aún es de día tras la puerta de un cine. Apenas recordaba la torpeza de quienes acaban de entrar en la sala oscura, o de cómo las pupilas se van abriendo y la retina comienza a percibir más luz, tal y como sucede en una cámara fotográfica.

El Festival del Cine Pobre me devolvió todas esas vivencias. Ya sé que es tarde para hablar de un evento que acabó hace más de una semana, que Gibara vive su ritmo habitual y que los delegados apenas conserven el recuerdo de la brisa de aquel poblado costero, pero a veces uno necesita que las cosas reposen para calibrar los hechos.

Siempre en los Festivales de Cine Pobre en Gibara he sentido que alguna especie de ánima entra por mis poros para sacudirme, trastocarme, hacerme convulsionar. Este año, ese ente espiritual que al final me deja a rastras y sin fuerzas, apenas se cruzó en mi camino.

Es cierto que soy madre y que por razones obvias no he podido vivir el evento con la misma intensidad, pero aún así, sentí el Festival lo suficiente como para discernir que a esta edición le faltó solidez.

No hablo de las descargas nocturnas, esas que por su propia naturaleza, nos dejaban durmiendo la mañana en un parque de esa Villa luminosa. Hablo de los debates, de la vida, del aire diferente que se lograba respirar en Gibara. Y vuelvo sobre los debates. Los foros de la mañana eran el punto de encuentro, el lugar al que todos íbamos a vernos las caras y a hablar, con intensidad de los temas que aún nos duelen. No digo que hablar de sexo transaccional, o la mujer en la creación sean temas banales, pero no debimos dejar de discutir de cómo la gente está produciendo ahora, con lo que tiene y con lo que no tiene, de cómo los cortos o los largos se filman y nadie los ve porque no tienen acceso a redes de distribución, o de cómo tanta gente sigue haciendo una película con la cámara de un amigo, y no saben cómo acceder a los fondos o a los premios.

Además, los foros debieron quedarse en la Casa de la Cultura, una construcción mucho más amplia y luminosa que el lobby del cine Jibá. Concentrar todas las actividades en el cine rompió el ritual de ir de una institución a otra (Casa de la Cultura y cine Jibá), por la calle Independencia, la más céntrica de Gibara, lo que trajo como resultado que de todas formas la gente fuera de un lugar a otro, esta vez, y al menos así lo sentí yo, invadidos de un sentimiento de desamparo y nostalgia enormes.
Por otro lado, en cuanto a organización, este ha parecido un primer festival aunque sea el décimo. Toda una década de experiencia no vio sus frutos por que, al parecer, este nuevo equipo y el anterior no se vieron las caras. Lester Hamlet, prolífico realizador de audiovisuales, y nuevo director del evento, tendrá que entrenarse un poco más en estos menesteres, porque se le vieron demasiadas costuras al Festival (sobre todo se cayeron muchísimas actividades programadas, lo mismo foros, presentaciones de artistas o la programación del cine)

Aún con todo esto, le doy a Lester el beneficio de la duda. Estoy segura de que podrá tener ediciones más exitosas, sobre todo si sigue teniendo ideas tan buenas como el largometraje que en los días del Festival se rodó en Gibara, y que convirtió al pueblo en un gran set de filmación. Quizás Lester, y es una pretensión mía intentar pensar por él, creyó que era mejor hacer algo diferente y se decidió por los temas que mencioné en la parte teórica, pero sé que si se escucha a sí mismo y a quienes le rodean, se dará cuenta de que aún hay mucho de que hablar en cuanto a maneras alternativas de producir, de distribuir, de hacer cine.

Al margen de todo, sentí que Gibara lo recibió agradecida, por devolverle un proyecto que siempre le perteneció. La Villa estaba tranquila, llovió dos o tres veces. El paisaje era el mismo: los botes meciéndose al unísono sobre la marea y una silla, como la montura de un caballo, inmóvil a lo lejos. Me fui de Gibara, sorteando las más de ochenta curvas de esa carretera, con los recuerdos de ediciones pasadas dándome vueltas en la cabeza, pero no es tiempo de nostalgias, sino de fabricar un nuevo camino para seguir andando.