Archivo mensual: septiembre 2013

Kilómetros de cinta amarilla desde Boston hasta Cuba

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El sintagma nominal “cintas amarillas” me llevó a través de Google a los hechos ocurridos el pasado abril, en Boston, minutos antes de que los corredores atravesaran la línea de meta del maratón más antiguo del mundo.

Los dos artefactos explosivos de fabricación artesanal (ollas a presión), causaron la muerte de tres personas: Martin Richard, un niño de ocho años de edad; Krystle M. Campbell, de 29, gerente de un restaurante de Medford; y Lü Lingzi, una joven de 23, de origen chino (Shenyang) y estudiante de la Universidad de Boston. De las 282 personas heridas, 14 sufrieron la amputación de algún miembro.

Al día siguiente cuarenta y dos kilómetros de cinta amarilla de la policía con las palabras ‘No cruzar’ marcaban el recorrido emblemático de la ciudad de Boston, en Massachussets. “La cinta amarilla de la policía seguirá todavía algún tiempo en varias partes de la ciudad, y aún así, a primera hora de esta mañana ya había mucha gente que desafiaba la congoja y la conmoción y corría por las calles, todavía frías pero ya soleadas de Boston”, escribía un periodista español.

Las víctimas de Boston me recuerdan a los 73 pasajeros de Cubana de Aviación que a bordo del vuelo 455 perecieron hace ya casi 37 años cuando una delegación de esgrimistas cubanos partía de Barbados rumbo a La Habana. Recuerdo, por supuesto, a Fabio Di Celmo, el joven italiano asesinado en septiembre de 1997 por una bomba de la CIA en el hotel Copacabana, y más atrás, vienen en la lista que voy graficando en mi mente, los 2 mil 602 muertos del atentado a las Torres Gemelas el 11 de septiembre del 2001.

En contraposición a todo eso, ayer se cumplieron 15 años del arresto a los cinco antiterroristas cubanos: Ramón, Gerardo, Fernando, Antonio y René –este último ya en casa después de cumplir su condena–.

Por una petición del mismo René, la cinta amarilla, un viejo símbolo del pueblo norteamericano  llenó las calles de Cuba este 12 de septiembre. Edificios, portales, ventanas, árboles, camiones, carros, exhibían una tira amarilla. La gente se vistió de amarillo o portaba un discreto lacito en la mano, la ropa, el pelo.

Era como si la enorme cinta  de 42 kilómetros de Boston que marcaba los límites del terror en esa ciudad, se hubiese convertido en pequeñas cintas, en la tela con la que el pueblo cubano se cubría para clamar por sus héroes, por los hombres que lucharon contra el terrorismo desde la Florida, este pueblo cubano que también ha sido víctima de actos como los que vivieron los bostonianos aquella mañana soleada del maratón.

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We all live in a yellow submarine

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Hoy salí con un detector de amarillos en la cabeza. Una muchacha en la parada de guagua le puso a su hija uno de esos lazos que se usaban en los 80´, y que ahora vuelven a estar de moda. Ella misma tenía un pedazo de tela amarillo recortado en el cuello, que curiosamente se le veía muy bien.

Antes de salir, mi suegra andaba con un lacito amarillo en la blusa, hecho de papel de colores ¿y tú vas a salir? Le pregunté. “Yo no, pero igual me lo pongo”.

El carro en el que “cogimos botella” tenía un trapito amarillo amarrado en el capó, y cuando llegamos a la plaza (la de los machete de Maceo en Santiago de Cuba) mi detector iba saltando de un pecho a otro, ya iba dejando un amarillo cuando ya empezaba a encontrar un vestido, una pulsa, donde posar la vista.

Nadie decía nada en lo absoluto, sin embargo el desfile silencioso de amarillos, de gente que solo se miraba y comprendía, era un escándalo. Navegamos juntos en este yellow submarine, y vemos el fondo del mar desde nuestras ventanitas redondas, no miramos ni pensamos lo mismo, pero hemos decidido pasar el día de hoy, 12 de septiembre, juntos aquí dentro.