Archivo diario: enero 6, 2014

Los calendarios

Qué inútiles son los almanaques del año que acaba de terminar, sobre todo si no se hizo en ellos ninguna marca de un cumpleaños, de un evento, ni una crucecita, un círculo. Ni siquiera son tan inútiles los almanaques más viejos, de hace, quizás, cinco o diez años. Esos ya guardan en el color amarilloso, la tristeza del paso del tiempo, la nostalgia de un tiempo mejor que ya pasó. Pero los calendarios del año que termina, son irremediablemente inútiles, no importa si son grandes o chiquitos, dan ganas de botarlos.

Los calendarios nuevos son, por el contrario, tan esperanzadores, tan necesarios. Es la promesa de un tiempo nuevo, como una hoja blanca en la que podremos escribir nuevas cosas, hacer nuevos planes, planificar mejor.

Pero esos nuevos calendarios van pasando, ahí, sin quitarlos de la pared. Y no se deterioran en un año, que es lo peor, al final de los 365 días, se siguen viendo -casi siempre- tan nuevos como al principio, y uno tiene que descolgarlos, con la sensación de que no se han aprovechado al máximo, de que no han rendido bastante y de que uno tampoco ha vivido lo suficiente, de que el año no ha sido un desperdicio, pero que se ha ido demasiado rápido, sin que uno lo haya aprovechado todo.

Por eso me gusta comprar lindos calendarios, con alguna imagen que me guste mucho y que lo salve al final del año de ese sentimiento de inutilidad, por eso me gusta también hacerle muchas marcas, las semanas de viaje, los cumpleaños, los días de menstruación, las reuniones, los eventos institucionales, hacer un circo que casi nunca entiendo, pero que al final da la sensación, aunque sea mentira, de que he tenido un año muy intenso y de que mi vida ha sido muy interesante.