Carlos Marx, ¿un hombre feliz?

marx family

Un episodio de la vida de Marx y su familia mueve a la pregunta ¿fue o no un hombre feliz? Jenny, su esposa, describe en una carta el estrés por la falta de dinero, lo mal que dormía su bebé, y cómo se le llenaba la boca de sangre cada vez que intentaba alimentarlo con su pecho rasgado por la succión. Jenny sigue contando en la carta que en esos días llegó la mujer de la renta para exigir dinero, y horas después dos alguaciles se lo llevaron todo, la cama, la cuna de su hijo, los mejores juguetes de sus tres hijas mayores. La escena continúa aún más dramática, Marx no estaba, y tuvieron que abandonar la casa; era de noche, lloviznaba, y el amigo que iba a ayudarlos se accidentó en el camino.

Más tarde encontré unas notas dispersas de una de sus hijas, Eleanor Marx-Aveung, en las que habla del sentido del humor de sus padres. Recuerda Eleanor haberlos visto doblarse de tanto reír, o no atreverse a intercambiar miradas por temor a soltar la risa en una situación que para otros requería de cierta compostura. “Sí, a pesar de todos los sufrimientos, la lucha, las decepciones, era una alegre pareja y el amargado Júpiter Tonante no pasa de ser una ficción de la imaginación burguesa”, escribió Eleanor.

Su hija cuenta que en casa todos tenían otros nombres. A Marx le decían Mohr (moro); a ella Tussy; a su hermana Jenny, “Qui Qui, Emperador de la China”. En los largos paseos que hacían por los campos de Londres, Marx contaba historias que bien podrían clasificar para el guión de una película al estilo de Harry Potter. Uno de los preferidos de sus hijas era el de Hans Röckle, un mago parecido a los personajes de la Rowling, que tenía una tienda de juguetes y siempre estaba disponible “a la cuarta pregunta”.

De nuevo aparece el velo negro, porque en sus biografías se habla de las deportaciones, la persecución, la censura de sus textos, las carencias, la enfermedad de su mujer, la muerte de tres hijos, uno de ellos de tuberculosis. Había descubierto que la humanidad debe antes que nada comer, beber, tener un techo y poseer vestidos antes de poder dedicarse a la política, la ciencia, el arte, la religión sin embargo, él mismo se dedicó a pensar, a crear un nuevo conocimiento, sin tener esas necesidades cubiertas.

Comentan algunos que Marx fue el hombre más odiado de su tiempo. Una vez que se perfilaron sus ideas comunistas fue expulsado de Alemania, de Francia y se tramó una conspiración de silencio contra él y su obra que duró alrededor de 15 años.

Todo esto provocó que Marx apenas pudiera ganarse la vida con sus escritos, sus textos tenían el amargo privilegio de cerrar cuanta publicación los acogiera, con lo que su familia se mantuvo todo el tiempo en estado de contingencia, con sus trastos y libros de un lado a otro, sin saber cómo terminarían el mes o cómo empezarían el siguiente.

Marx, sin embargo, no abandonó sus ideas, lo cual es plausible para algunos, y no para otros. Quizás debió buscar trabajo en una fábrica o criar animales en una granja, “estar en la luchita”, diría alguien por ahí.

Finalmente cuando funda la Primera Internacional y publica el primer libro de El Capital, el nombre del nacido en el pueblito de Tréveris, recorrió toda Europa y Estados Unidos. Como dijera Paul Lafargue, su escribano y el esposo de una de sus hijas, en vida “Fue reconocido como el más grande teórico del socialismo científico y el organizador del primer movimiento internacional de la clase trabajadora.” El Capital y el resto de su obra tuvieron mejor suerte que los girasoles de Van Gogh, solo admirados tras la muerte del artista.

Fue un hombre feliz después de todo”, me dijo alguien cercano cuando le comenté lo que había leído de Marx. En realidad no podría asegurarlo, la felicidad es muy relativa, y la muerte de tres hijos es un golpe muy fuerte, pero lo imagino abstraído en sus pensamientos, caminando de un lado a otro de su estudio en Maitland Park Road, iluminado ante cada una de las contradicciones y paradojas que lograba superar; disfrutando la cara abstraída de sus hijas cuando comenzaba una historia o en las largas conversaciones con Engels; riendo junto a Jenny, la mujer que conoció en la adolescencia y que lo acompañó toda la vida. Pienso en eso y parece que todo se arregla en un punto, pero aún así no logro definir bien, no sé si yo misma habría podido ser feliz.

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2 Respuestas a “Carlos Marx, ¿un hombre feliz?

  1. mi chelita linda , este post me ha hecho reflexionar en algo que sabia pero que no me habria puestoa pensar. en verdad la felicidad es algo muy pero que muy relaivo a veeces se es feliz y uno ni se da cuenta . solo cuando falta es que uno dice verdad que yo era feliz . Marx cmo humano al fin seguro que fue feliz a su manera.
    se te quiere un mundo ah y te dan gracias por el libro. un besote

  2. La felicidad, creo, son momentos, instantes, personas, y a veces, solo recuerdos, aunque con el tiempo estos lejos de hacernos reír nos estremezcan justamente porque son tan inmateriales como los pensamientos. ¿que hacer? ¿ganar dineros o hacer lo que nos gusta, digamos escribir en un periódico o postear para internet sin esperar beneficios económicos? Ayer por ejemplo, descubrí un error insalvable en un reportaje publicado ya en el que había fijado mis esperanzas para un concurso, después de un momento de contrariedad por el fracaso, descubrí que lo más jodido era no haber sido preciso en la revisión. “cosas del oficio”, me dijeron. Entonces, tal vez como Marx, volvía a aferrarme a la decisión de escribir aunque no sea lo más rentable del mundo. Besos Chely y…. gracias….. siempre…

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