Linotipistas

los amigos del barrio pueden desaparacer/los que están en los diarios pueden desaparacer/…cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada,/imaginen a los dinosaurios en la cama.

Charly García

El chasquido de la guillotina marca un ritmo inalterable a la derecha del local, y pareciera que el tiempo no se mide ya por los segundos tradicionales, sino por los intervalos que va dejando el corte seco y firme de la Oswego. Una troqueladora marca Óptima, una grabadora de letras Sacksdax y hasta impresoras Chandler de 1899, se incorporan al compás. En algún punto de la mañana, en el momento más álgido de trabajo, la fábrica parecerá una orquesta de ¡Zas!, ¡Pum!, Trac!, palancas de izquierda a derecha, máquinas que paren hojas teñidas, polvillo de papel, hombres sudados, sin camisa y con las manos negras.

En el apartado de las linotipo, las luces y los sonidos son más sobrios. Los extractores de aspas enormes giran todo el día, y un radio Selena de los años 70′ se escucha entre el silencio y la voz de un locutor optimista. Eduardo llega antes de las siete, mira la hoja que detalla el trabajo del día, enciende el foco de luz y examina la linotipo.

Esta máquina es del 40´, hay que darle mucha limpieza y mantenimiento para que funcione bien”, comenta mientras observo la destreza de sus movimientos, los mismos que ensaya una y otra vez desde hace 39 años.

La Imprenta en la que trabaja perteneció a Atanajildo Cajigal antes del 59′. El nombre oficial de la Empresa es Organización Económica Estatal (OEE) Artes Gráficas y es una de las dependencias de la Industria Ligera en Holguín.

Eduardo ronda las seis décadas, es un hombre grueso, usa espejuelos y hace pocos gestos, como si todo el movimiento de sus manos estuviera reservado al oficio.

Para esto hay que tener hábito de trabajo -enfatiza- lo más difícil es aprenderse el teclado, cambiar los moldes”. Las 90 teclas contienen 30 signos y números, 30 mayúsculas y 30 minúsculas, y están dispuestas en un orden distinto a los teclados de una computadora actual. Eduardo va pulsando y una barriga plana va escupiendo por un costado pedazos de metal como fichas, con letras bajo relieve de un lado y unas estrías del otro. Las matrices (como también se le llama a las fichas) se van juntando en una cuneta, en el orden en que las pulsa el linotipista. La I golpea a la G, no se acomodan aún cuando son golpeadas ambas por la O. Uniformadas en la cuneta esperan el resto de las letras. Aquí hasta los espacios entre palabras tienen matrices.

Estuve dos años como ayudante, pero antes de empezar en un puesto como linotipista ya hacía moldes y me sabía el funcionamiento de la máquina”, cuenta Eduardo.

Las matrices han terminado de agolparse en la canalilla, y la mano del linotipista aprieta una palanca para desencadenar el mecanismo. Luego de unos segundos, un lingote de plomo caliente sale de la máquina. Parece un peter fino de chocolate envuelto en papel metálico, aunque pesa mucho más, y por uno de sus extremos le sobresalen las letras.

Antes de volverse un lingote, el plomo líquido reposa en el crisol, un recipiente ubicado en la parte trasera de la máquina. “Lávate bien las manos”, me advierte Eduardo mientras examino la barra de peter. Me cuenta de los chequeos periódicos y del saturnismo, enfermedad que afecta el sistema nervioso central, y de las posibles quemaduras si la máquina chorrea y sale el líquido hirviente.

Al fondo del local otros dos linotipistas presionan el teclado y obtienen laminillas de plomo. Alguna que otra vez pasa un hombre sin camisa y con un lápiz en la oreja. El radio está apagado o apenas se escucha, solo llega desde el otro lado de la imprenta, el murmullo de las Chandler, las máquinas más viejas de la fábrica.

Eduardo ya no me ve, sigo parada a su lado abstraída con el ciclo de teclea, palanca, lingote. Intento revivir el momento de esplendor de esta tecnología con “destino tocadiscos”, como todas al final. Margenthaler, un relojero alemán, mecaniza el invento de su coterráneo Gutemberg. Ya no se acabarían las letras al formar un texto porque las matrices podían reciclarse, tampoco era necesario acomodar una tras otra, porque el armatoste sacaba una línea completa de plomo, ¡qué sencillo!

Frente a esta armazón de hierro descostrado, el mundo de los bytes me parece ciencia ficción, un mundo donde la máquina se divide en hardware y software, palabras más raras aún. Acá todo es duro y básico, y aún rentable. Las linotipo son altas consumidoras de corriente, sin embargo, la imprenta trabaja con la tinta y el papel que desecha la gran industria poligráfica. Como la materia prima es más barata, el precio del producto final también lo es.

Aún así no son muchos los años que restan a la máquina. Ya nadie construye linotipos ni piezas de repuesto, por lo que echar a andar al armatoste cuando tiene un desperfecto se hace cada vez más difícil.

Eduardo me nota porque cierro la agenda y me despido, aun le queda mucho trabajo para hoy. Quizás sea uno de los pocos hombres en el mundo que practiquen el oficio, que ya se vuelve tan arcaico como la propia linotipo.

El golpe de luz me devuelve a la realidad. Parece que hubiera salido de un cine donde acabo de ver un filme de los años 40´. Atrás quedan la Oswego, las Chandler, el invento de Margenthaler y el murmullo de todas las máquinas juntas, sobreviviendo, como dinosaurios a punto una irradiación cósmica. 

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4 Respuestas a “Linotipistas

  1. AMIGOS: A LA EDAD DE 14 AÑOS, ACARICIE POR PRIMERA VEZ EL TECLADO DE LA LINOTIPO (1960). PREVIAMENTE A LOS 8, VISITE UN DIARIO DE MI CIUDAD (MONTEVIDEO) Y QUEDE PRENDADO DE ESA MAQUINA MARAVILLOSA. Y ESE ENAMORAMIENTO FUE PARA SIEMPRE, A PESAR DE QUE DESDE 1985, NO TRABAJE MAS EN LA MAQUINA, DONDE PASE A LA NUEVA TECNOLOGIA DE ELABORAR DIARIOS (BUENOS AIRES). EETOY REALIZANDO UN TRABAJO/HOMENAJE (POWER POINT) A ELLA.
    SALUD Y UN ABARZO FRATERNO DE UN LINOTIPISTA (SOMOS UNA RAZA ESPECIAL), POR ESO SOMOS PARA SIEMPRE LINOTIPISTAS…

  2. me encanta el olor a tinta de los periódicos, revistas…benditos linotipistas!

  3. Para mi es un placer comentarles que todos los años en La Noche de los Museos, participa el Honorable Congreso de la Nación Argentina y yo tengo el honor de representar a la Imprenta junto con un equipo de los viejos artesanos, donde exponemos todos los trabajos realizados y elementos de la vieja imprenta.
    Pero lo mejor de lo mejor, es que se expone una máquina Linotipo modelo 8 en perfecto funcionamiento, donde los visitantes tendrán el privilegio de admirar esta maravilla de la tecnología mecánica.

    • Hola Marcos, enhorabuena para ese encuentro, y gracias por comentar, para mí fue un gran descubrimiento entender cómo funcionaban las linotipo, como todo lo mecánico, no deja de fascinarme, gracias y regrese por este blog.

Los comentarios aquí.

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