Llámame cuando septiembre acabe

Nos han dejado sin electricidad, o menos poético, se fue la corriente y estoy obligada a escuchar el silencio o el eco del ipod de Ana.

Necesito escribir, no me queda otra que esperar. Alguien anda con los vasos en la cocina, pero la puerta está cerrada, seguramente algo así ocurre siempre a esta hora, alguien husmea en la cocina, pero como estamos todos encerrados en los departamentos refrigerados no nos enteramos nunca. 

K me mira desde el otro lado de la mesa y para animarla le enseño un libro, o más bien una página de un libro.

-Toma, léete esto.

Llámame cuando septiembre acabe/ cuando los árboles recobren su verdor / y los pájaros entonen cantos menos desolados…

– ¿Has escuchado Wake me up when september ends? – me pregunta K.

– No.

– De Green Day- K sigue hojeando el libro.

Recuérdame escuchar a Green Day, me digo a mí misma. Los versos de Moisés Mayán parecen estar inspirados en la canción del grupo estadounidense. “Este poema lo escribió cuando Ike pasó por Holguín”, me había dicho mi madre cuando me enseñó el libro de poesía, que tiene justo ese nombre, Llámame cuando septiembre acabe.

cuando las casas no sean espacios abiertos a la intemperie/ y la música del amolador de tijeras imprima en los cuerpos/ el filo de las espadas.

Recuerdo que una vez Mayán y yo coincidimos en un estudio de televisión. Él debía hacer un comentario sobre un libro, mirando directo a cámara y quedé sorprendida por su locuacidad, por el modo con que arremetió contra el foco, sobre todo porque fuera de aquel espacio no suele decir nada, pasa con la mirada esquiva y apenas saluda.

Yo, que pensé vivir en la tensión de la cuerda, con los pasos exactos del equilibrista, yo que leía las Santas Escrituras y los cuentos de Charles Bukoswki, comprendo ahora el engaño.

No es posible mantenerse en equilibrio, cuando la vida, ese animal asilvestrado que es la vida, se funde en los tropiezos mordiendo el polvo, y en unos pocos, solo en unos pocos ascensos. La sensación de vuelo no persiste, menos aún la engañosa sensación del equilibrio. (…)

Pero no hay corriente!!! Liu acaba de llegar con un mochilón enorme y se lamenta. Nop, es un apagón por una emergencia y no hay pronóstico, o sea, no se sabe cuando viene.

Hay una raya de nube en el cielo. Pasó un avión aunque no escuché nada. Liu hojea los libros de Mayán y también le enseño una página para que descubra lo mejor en menos tiempo.

Rubén ya estuvo por aquí, pero salió con K. La corriente no llega, Holguín puede ser una ciudad muy silenciosa, y muy luminosa y nostálgica en noviembre, el mes de las luces más hermosas en todo el año. Lo descubrí cuando nuestra sede estaba lejos de la ciudad y por las tardes venía en la guagua del poligráfico y pasaba un rato a solas con el paisaje, porque no era un viaje largo, pero sí lo suficiente como para fijarse en las luces. Y en uno de esos noté que el sol estaba más naranja que de costumbre, y también al día siguiente, y volvió a suceder lo mismo en igual época del próximo año.

¿A dónde van los peces que horadan la red? ¿Hacia dónde los pájaros que saltan sobre la trampa inútil? ¿Hacia dónde el ciervo que la flecha errática no alcanza? ¿Hacia dónde el cuerpo/ humo entre mis manos? Los seres ilesos muerden el pasto en algún lugar que desconozco. (…)

Me pesa pararme de esta silla, el silencio me contagia, a quedarme silenciosa yo también, y seguir leyendo y ofreciendo versos a quienes pasan por aquí, como única vía de comunicación. Desde que mi reloj se detuvo tras el chapuzón en la piscina, el tiempo me parece una hoja blanca sin marquitas, como las tenía antes, pero las marquitas están ahí, y siguen clavando estacas en el día, y ya es hora de irme.

Soy religioso, nadie lo dude, aunque no bese los dedos en cruz, ni lleve surcándome el pecho la insignia de alguna orden medieval. Soy religioso, pero no soporto la estrechez del confesatorio y como tartamudeo frente a las mujeres hermosas nunca le hablo a la Virgen.

Tal vez hasta sea monje, a pesar de que solo vista de negro cuando muere un poeta amado. En la catedral que edificamos, Dios, tú y yo, no hacen falta intermediarios. Soy religioso y sin embargo llego hasta ti, y llego desnudo.

¿Qué te pasa con Mayán? me había preguntado Rubén antes de irse. Nada, que recién lo estoy descubriendo.

PD: Moisés Mayán Fernández (Holguín, 1983). Poeta y narrador. Egresado del Taller de Técnicas Narrativas del Centro “Onelio Jorge Cardoso” (2003). Mención en el Premio David (2007). Premio de Poesía Ciudad del Ché (2007). Premio Especial de la AHS “Regino Boti”. Premio de Cuentos “Batalla de Guisa” (2009). Tiene publicados los libros de poesía Fábula del cazador tardío (Ediciones La luz, 2007) y El monte de los transfigurados (Ediciones El mar y la montaña, 2009). Es miembro de la AHS.

(Los poemas que se citan aquí pertenecen a sus libros “Llámame cuando septiembre acabe” y “El monte de los transfigurados”.)

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8 Respuestas a “Llámame cuando septiembre acabe

  1. Lástima que yo viva tan lejos de tu casa, porque de lo contrario pasaría todos los días -sin apagones ni otros pretextos- para que me leyeras poemas como los que has compartido en este post. Gracias por presentarnos a Mayán, por toda la poesía, por las luces de noviembre -el mes que más amo-. Al poeta lo iré rastreando por las librerías de este lado de la isla. Un beso

    • Gracias Shey y yo buscaría nuevos autores para compartirlos contigo, seguro haríamos tertulias interminables, con un buen cafecito y las luces de noviembre de fondo. Si voy en enero a La Habana te llevo uno de él, creo que aún sus libros no llegan a la capital, fatalismo geográfico, tú sabes, un abrazo grande.

  2. Chely, muy bueno este post… es genial esa melancolía!!! besos… te sigo!!!

  3. Chely, uno lee tus palabras y recibe un impulso de vanidad escritural, se cree definitivamente escritor, como si hubiese venido a la tierra para esas cuantas palabras que conforman el poema, ahora que mi cuarto libro El cielo intemporal ha entrado a edición puedes desde ya contar con un ejemplar, gracias por este texto. Cuando septiembre acabe, lo escribí después del Ike, pero en términos espirituales era el vaticinio de la devastación que arrasaría mi vida, o lo que yo juzgaba entonces como Mi vida, es pues un libro profético, ahora ha llegado la floración. Un abrazo, acá estoy.

    • Moisés, no podía creer que fueras tú, me alegró mucho que llegaras al post, y más que comentaras. De verdad que me animaron mucho tus poemas en estos días, más, me conmocionaron, por eso me desahogué en el post, espero con ansiedad ese último libro que está a punto de editarse y, por otro lado, qué bien que haya llegado la floración, siempre sucede, ojalá también llegue para mí pronto, un beso y gracias. PD: como ves, ya eres famoso en el periódico, cuando quieras te das una vuelta.

  4. No había leído tu promesa de venir a La habana con un libro de Mayán en las manos para mí. Mil graciassss, esa espera va a ser lo mejor de celebrar el fin de año. jajajajaj Aunque no puedas traer el libro, llámame cuando estés en la capital para darnos un abrazo. Besos

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