Y llegamos a Santiago

La guagua nos expulsó en el parque Céspedes, me sentía el viaje en las costillas, las cinco horas esperando porque saliera el carro, las otras horas de paisaje con árboles truncos, ramas secas como si hubiera llegado el otoño, postes inclinados, y casas destechadas aún.

Alguien creyó que nos tirarían piedras, que “los santiagueros no están pa’ esto”, y algo de eso creí yo también. Dejé a los músicos a su suerte, armando el audio, poniendo los micrófonos, y me fui a caminar Santiago. Desde el Balcón de Velázquez la ciudad es la misma, excepto por el eco de un martillo y dos hombres en miniatura que reparan el techo de su casa. El Tivolí sigue estando a lo lejos, también la melancolía y el mar, tranquilo, sin una sola huella.

Santiago sigue siendo la ciudad ruidosa, la del tránsito violento, con esquinas donde hay que mirar en cuatro direcciones. A mediados de una cuadra un tumulto de gente se sale de la acera “¿y qué venden ahí?” “Arroz y frijoles rebajados”, me responden. Dejé la mirada unos segundos en la cola y seguí, con un poco de remordimiento porque estoy aquí, pero esta no es mi realidad, no tengo que rasparme una cola de esas, ni sancajear la comida con la incertidumbre de si podré llegar al fin de semana.

Alguien riega la calle con una manguera, ya van tres personas que hacen lo mismo en esta avenida. Vino el agua, quizás, el pavimento chorrea, en una esquina hay escombro acumulado y moscas, y los motoristas hacen una curva para sortear el montículo.

Trocha en medio de la llovizna y sin hojas no parece la misma, como si hubieran cambiado las casas de lugar. En otra esquina, el motivo de la cola son las velas rebajadas de ocho a cuatro pesos, desde la oscuridad del local sale un vaho cálido y denso, y la gente se amontona y discute, y yo sigo caminando ya de vuelta al parque, doblando las rodillas porque las lomas, por suerte, no sufren con los huracanes.

En el Céspedes la gente reía con Fito, el humorista holguinero. Increíble, los santiagueros sí estaban pa’ fiesta, en medio de los sin techo, los sin corriente y los sin comunicación, la gente tenía ganas de que alguien los sacara de allí con un anzuelo, aunque fuera un rato, y siento que eso fue lo que hicieron los músicos y Fito, con sus chistes.

Esto es importantísimo, porque el ánimo de las personas está por el piso y la música siempre anima, y además, cuando la gente tiene esa hermandad y se acerca, eso vale mucho”, dijo Miriam Spek, una señora, vecina de Trocha, a quien Sandy dejó con una cubierta y unas paredes maltrechas. “Es muy triste lo que ha pasado, ahorita estaba pensando, bueno, al menos un poquito de música”.

Algunos pasaban meditabundos y se acercaban hasta hacer más compacto el semicírculo alrededor del escenario improvisado. Fito se hizo acompañar del septeto Cubasón, tocaron también el septeto Oyaré y la Steel Band de El Cobre, quienes ya se habían presentado en los municipios holguineros afectados por el huracán y ahora desembarcaban en su tierra como si vienieran de un largo viaje.

¡Marilu!”, gritaban desde una parte del semicírculo y enseguida se sintieron los acordes del clásico de los Van van, con el sonido agudísimo de los tanques de la Steel.

La catedral, sin cruz ni campana en la cúpula, se había estado reflejando toda la tarde en la fachada del Hotel Casa Granda, pero ahora ya era de noche y con las luces del parque llegó la hora de irnos.

De regreso

Tenía ansiedad por irme, no porque Santiago a esa hora ya se volvía una boca de lobo, con algunas zonas claras, sino porque Charly y Gio me esperaban en algún punto de la carretera hacia El Cobre. Estaban allí en un recodo oscuro, hasta que los iluminó la luz delantera de la guagua. Imaginé en otros lugares de Santiago la misma escena que Charly me contaba ahora: gente que se metía en los armarios y veía por una rendija cómo el techo de la casa salía disparado hacia la nada, con la sensación de vulnerabilidad y desprotección más intensa que hubieran podido experimentar, como si uno fuera una hormiga, un escarabajo, un bicho.

En el Cobre oscuro también, unas 15 personas veían juntas el televisor, y recordé los 90′, cuando la gente, en medio del apagón, se agrupaba en la casa del vecino que obtenía luz de la batería de su carro y ponía la novela para la cuadra entera.

La brigada artística que llegó de Holguín también quiso animar en El Cobre, pero por la hora, y otras razones que no voy a enumerar, no se pudo. Así que despedimos a los músicos de la Steel y fuimos al Santuario. Nunca había estado allí a esa hora y con tanto cansancio, y no sé si eran las medias luces o el reecuentro, lo que hizo que aquel lugar se me pareciera a un hogar, o a un sitio donde podría permanecer por mucho tiempo.

Volví a recordar el Balcón de Velázques y su paisaje intacto, como si fuera un oasis, como si para borrar lo que pasó bastara con asomarse a sus tejados y su bahía, pero la realidad está afuera y es otra y hay que batirse con ella. En Holguín todo parece más tranquilo, hay luces y calma, pero por alguna razón no puedo dormir, como si una presión o una energía intensa fueran a dejarme sin techo, sin sábanas y metida en un armario.

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15 Respuestas a “Y llegamos a Santiago

  1. Me has dejadodo con gana de visitar nuestra ciudad de Santiago , pero se que si tu estuviste ahi yoo tambien estuve . aun estando a millas de Cuba . un beso mi Chely

    • Estuviste amiga, sabes bien que sí, beso grande.

      • otro beso grande , sabes que Santiago para mi representa las segunda oportunidad de encontrarme conmigo misma , te acuerdas cuando Charly me preguntpo por què querìa subir el Turquino y yo le di una respuesta filosofica jajjaa , ahora me pregunto como habra quedado todo despues del paso del huracàn. un besoooooo

  2. Chely, muy bueno este post!!! realmente me llevaste de la mano en todo el recorrido… Duro lo de Santiago, pero las historias hay que contarlas… qué bueno que comiencen a contarse, que cuentes algunas!!!

  3. Gracias Chely…Valió requetemuchísimo la pena esperar tu post. Como duele lo que ha pasado con Santiago de Cuba. Me hubiese encantado haber ido contigo…haber estado ahí..

  4. Chelyta, gracias por exorcisarte los demonios para nosotros, no sabes cuánto anhelo poder ir allá y ver a los míos de esa tierra. Santiago nos duele a todos, pero con la fe también de todos irá cambiando su panorama y se irán mitigando el horror de los ojos de nuestros hermanos. Un beso grande y sigue así de buena.

    • Todavia recuerdo el temor , el ligero sabor de la inseguridad,mientras el Lunes aciago se cernia sobre New jersey, ya lo sabiamos por el Canal 41 Univision, Sandy venia a visitarnos,no a disfrutar de Atlantic City, y sus casinos, ni ver de cerca la Estatua de La Libertad, impavida frente a las costas de New York o New Jersey, las preguntas de la ciudadania lo dan como respuesta correcta, venia a regodearse con sus aires sobre casas de pino y 100 anos de antiguedad en algunas.Al fin las 6 de la tarde, preludio, pocos carros, mucho viento y la policia de Carteret, multiplicandose? por 10. Al fin las 8, y sin luz, y el viento azotando los cables electricos y las ventanas de plastico cimbrando con cada rafaga, pues los huracanes aca, no son como los de la isla, aqui sopla un rato y se va y vuelve, al final ,una casa reducida a escombros por explocion de gas, 5 dias sin luz, negocios cerrando temprano para evitar saqueos,y largas colas y hasta uno o dos muertos en las interminables colas por la gasolina.

      • Coño, me estremeciste, qué horror el de New Jersey, y qué triste, gracias por comentar y ojalá tengas un blog y me envíes la dirección para leerte con regularidad, gracias de nuevo.

  5. Chely, amiga, tú como la Tunie tienen esa gracia de hacerme vivir sus escritos como si hubiera estado a su lado todo el tiempo, si vieras la slágrimotas que me corren por el rostro, gracias por etse post, gracias….

  6. Gracias a ti Carmita, y a Tunie, Eliza y Alejandro por llegarse por aquí y comentar, qué bueno que les gustó el post, fue muy intenso lo que viví allí, y que pudiera transmitirles la experiencia es muy gratificante.

  7. Jose Gilberto Valdés

    Me agrada mucho conocer este tipo de informaciones de lo que ocurre en Santiago. !Transmitir vivencias! Tras la tempestad no viene la calma.

    • No viene la calma, amigo, en cierta forma todo es muy confuso, el Estado rebaja y los revendedores se aprovechan, para colmo llueve y hay gente sin techo, y los escombros que no se recogen a tiempo traen epidemias, los huracanes dejan una estela detrás que no se borra tan fácil, pero estoy segura de que pronto el río tomará su cauce.

  8. Me gusto,me hizo recordar mi Santiago querido

  9. Hola , Chely , pues mi blog es No es digo lo que digo sino que lo que digo es Diego, saludos.

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