Crisis de octubre: memorias de un soldado antillano

Entre agosto y septiembre de 1962 llega a Cuba la técnica militar prometida por los soviéticos en un convenio que se discutía desde inicios del año. En octubre los yanquis comienzan a sobrevolar la Isla porque sospechan la instalación de misiles. El 22 de ese mes Fidel decreta la alarma de combate. El derribo de un avión de reconocimiento U2 y otras tensiones, hicieron que la crisis se viviera de manera más intensa en las costas holguineras. A 50 años de los hechos, un antillano comparte sus recuerdos.

Antes del 22 de octubre del 62′ la vida de Oscar transcurría sin mucho sobresalto. Vivía en Antilla, tenía 17 años, era empleado de un banco, y en sus ratos de ocio devoraba libros rusos. Eso de los pocos sobresaltos es solo una manera de hablar porque el joven ya había subido el Pico Turquino, en los tiempos en que previo a la escalada había que hacer una caminata de seis días; daba clases de Filosofía y Economía Marxista en la Escuela Provincial de la Juventud de Santiago de Cuba y era reservista de las FAR.

Quien ahora recuerda los hechos que acontecieron en uno de los frentes de combate de la Isla cubana durante la crisis de Octubre es conocido como Coronel (R) Larralde. El joven de entonces pertenecía a uno de los batallones de la División 56 del Ejército Oriental. Mientras una parte del pueblo cubano vivía las tensiones de la crisis desde el televisor de casa, otro grupo se alistó en las costas, en el monte, apertrechados por más de veinte días. La Compañía a la que pertenecía Oscar Larralde, se ubicó de manera permanente, a partir de la alarma de combate, en las playas Baracutey y la Caimana.

¿Cómo era el ambiente en Antilla antes del 22 de octubre de 1962?

En los primeros días de octubre los antillanos vimos aviones yanquis sobrevolar el puerto, vuelos rasantes, no había crisis todavía, era una soberbia terrible y no teníamos con qué tirarles. Eso lo saben los antillanos. Por aquí estaba desembarcando parte de la ayuda. Todo el año 62′ fue muy intenso, los norteamericanos estaban creando el ambiente de una revancha porque todos los planes subversivos contra Cuba les habían salido mal. Solo necesitaban un pretexto, cualquiera, para una agresión. Y en ese entonces tenían que desembarcar, no es como ahora que la aviación va y acaba con el país, tenían que entrar por alguna playa, y nuestra bahía era un buen lugar para eso.

La alarma de combate lo sacó de su rutina y lo lanzó a una playa de Antilla, ¿Cómo fue la llegada?

Cuando nosotros fuimos para allí no sabíamos mucho, el teatro de operaciones no se había preparado. Tuvimos que cavar la trinchera y los pozos de las ametralladoras. Los barcos de los yanquis se veían a seis, a doce millas, se sentía el ruido de los aviones, era como una guerra sin tiros aún.

Lo que veíamos con indignación es que no podían entrar los alimentos que antes llegaban en los barcos rusos. Cuando declararon la cuarentena, no llegaba ni combustible, ni alimento, ni armas, ni de medicina, nada de eso se permitía, como no se permite ahora.

Cuando Kennedy declara el bloqueo naval a Cuba ¿ya había entrado todo el armamento soviético?

No, a algunos los cogió la cuarentena en el mar. Hubo momentos en que los barcos yanquis y los rusos estuvieron a apunto de caerse a cañonazos en medio del agua, porque los soviéticos tenían la orden de no dejarse inspeccionar por nadie, aunque después Nikita cambió la orden.

¿Usted sabía algo de la PPSH, o pepechá, como llamaban algunos al arma rusa?

Nada, ni yo ni nadie, una vez la manipulé de manera imprudente y después no sabía cómo sacarle el cartucho, y tuve que pedir auxilio, eso fue tremendo.

Ya había tirado con otro tipo de arma, con M1, con Springfield. De la pepechá yo tenía un poco de conocimiento por los libros rusos que había leído: Un hombre de verdad, La toma de Berlín, La defensa en Moscú. Cuando nos la dieron lo primero fue quitarle el preservo, esas armas estaban conservadas desde la Segunda Guerra Mundial.

¿Y qué sabían ustedes de lo que estaba pasando?

Lo táctico, que los yanquis iban a agredir, que teníamos que defendernos. Ya después que Fidel habló fue que empezamos a oír de armas estratégicas.

Se puede decir que el 27 de octubre, el día que tumbaron el U2 fue el momento más álgido de toda la campaña, ¿cómo lo vivieron ustedes estando tan cerca?

El U2 lo derriba un grupo de combate coheteril soviético, ubicado en el barrio La Anita, de Los Angeles, un poblado de Banes. El día 27 a las 10 de la mañana sentí una explosión seca y fuerte, luego otra, con unos segundos de diferencia. Yo estaba en la arena, y caía una llovizna. Al otro día por la tarde, nos dijeron que los rusos habían tumbado un avión y que el cadáver del piloto estaba en Antilla.

¿Qué se publicó en la prensa de todo esto?

Para despistar a los yanquis se dijo que el avión se había derribado en Pinar del Río. Todo eso es válido en tiempo de guerra. Después cuando se terminó la crisis, mucho después, se publicaron los hechos.


Si estaban volando aviones de reconocimiento hacía varios días, ¿qué condiciones usted cree que hayan determinado que el U2 se tumbara justo en esta zona y ese día, cuando ya los rusos y los yanquis se estaban poniendo de acuerdo?

En primer lugar, porque el piloto yanqui cumplió su misión, no se desvió. Debía pasar muy cerca del grupo de combate ruso de La Anita y así lo hizo. Hay que tener en cuenta que ese día, el piloto venía volando desde occidente. Un U2 vuela como a 600 km por hora a 20 km de altura, y durante todo ese tiempo fue seguido por los radares rusos, que ese día estaban conectados, salieron al éter.

¿Por qué estaban conectados específicamente ese día?

Los rusos dieron la orden de poner a funcionar los radares porque Fidel había hablado el día 26 con Pliev el jefe de todas las tropas rusas. Fidel le dice que él le va a tirar con todo, que no se podían seguir permitiendo los vuelos rasantes de los U2, era un peligro para todo el mundo, estaban fotografiando todas las unidades, y un día podía venir un avión que en vez de cámaras fotográficas trajera cohetes. Los rusos se percatan de eso y al otro día todos los radares están conectados.

El U2 venía desde occidente, pero lo tumban justo en la zona holguinera…

A medida que los grupos coheteriles iban detectando al avión a lo largo de todo el país iban pidiendo permiso al órgano superior para derribarlo, pero el permiso no llegaba, se les decía que lo estaban tramitando. El avión pasa por Chaparra, y se pone a 50 km del grupo ubicado en La Anita, Banes. Ivan, el ruso al mando, sabe que es un avión de reconocimiento, pide permiso y le dicen que aguante, que aún no llega la orden.

Hay versiones de que se pierde la comunicación y que Ivan, sin esperar la orden dice: “túmbenlo”. Luego Voronkov, jefe de la División Coheteril Antiaérea, se atribuye el derribo, pero él mismo dice que cuando llega la orden y él se la informa al ruso: este le responde, “ya está derribado”, y que además junto con la orden de ascenso, llega la de arresto

Y ¿qué le pasó a Ivan?

No le pasó nada porque Fidel lo defendió, al final todo el mundo estaba de acuerdo con que se tumbara.

Entonces el piloto del U2 fue el único fallecido de toda la contienda…

Sí, el mayor Anderson. El 4 de noviembre el cadáver se entrega a su familia y el 6 lo entierran.

En noviembre termina la crisis ¿Qué cree Ud que nos dejó la crisis de octubre además de algún armamento y uno que otro sinsabor por la partida de los cohetes?

Creo que el mejor aprendizaje fue que la seguridad del país depende, sobre todo, de sus hombres y mujeres.

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2 Respuestas a “Crisis de octubre: memorias de un soldado antillano

  1. La vida de millones, cubanos o no, depende de decisiones razonables. No se defiende la vida con suicidas armas nucleares. No es su culpa, los cubanos nos enteramos después.

    • Fue un momento difícil, no solo para Cuba, sino para todo el mundo. Este testimonio lo hace un soldado, que ahora es coronel de la reserva, pero que en aquel entonces no manejaba ninguna información, eso es lo que me gustó y lo que me atrajo, la visión de los que no sabían nada, aunque él da algunos datos que luego supo de primera mano.

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