Carnavales

Nunca vi los fuegos artificiales, solo los escuché. Asumí estos carnavales con la misma zozobra de otros años, sin mucha exaltación más que por el cambio de ritmo que experimenta la ciudad y la gente.

Ayer en la tarde recorrí una de las áreas carnavalescas para no perderme la cerveza, el molote, el hedor, la falta de pudor de la gente y de paso, la cara de pánico de quienes suben a las ruedas metálicas gigantes y no pueden con la náusea.

Un altavoz invitaba a ver una gallina con tres patas, dos anos y dos rabos, y un cerdo de dos patas. Otro, un perricerdi siames y un gallo con no sé cuántos picos. El sol lo envolvía todo en un resplandor insoportable, no había refugio, ni los árboles ni las sombrillas ofrecían un poco de calma.

En la zona de la cerveza encontré la aglomeración de siempre, los hombres se estrujaban unos a otros y ponían a prueba su destreza muscular para llegar al termero, sin embargo, no sentí violencia en todo aquel espectáculo, sino más bien una coreografía que no digo podría terminar en una bronca, pero era poco probable, de tan dóciles que somos los hoguineros, un calificativo muy mío y discutible, por cierto.

En Santiago de Cuba, también estuve en una de esas colas para comprar cerveza durante los carnavales, y en aquella hilera “organizada”, percibí una violencia contenida, mucho más punzante que la del molote holguinero. “Oye puro, cómprame ahí”, “no puedo”, dijo el señor de unos 60 años a un negro de un metro ochenta que pretendía utilizarlo para sacar ventaja en la cola. El negro no se fue, se quedó mascullando y hablando con el de al lado, a ratos miraba al viejo y entrecerraba los ojos. Pensé que en cualquier momento le soltaría un derechazo. Uno llegó con una jarra y la metió entre los dos más cercanos al tonel y consiguió que le vendieran, luego llegó alguien más, y la cola se precipitó, el tipo se disculpó y se puso al final. Otros dos se ubicaron a mitad de fila, e iban ganando espacio a golpe de pequeños empujones y soportando a toda costa la mirada de los que al final, observaban con los brazos cruzados y mirada escrutadora. La cola era una bomba de tiempo, pero nadie podía inferir o prever cuál o quién sería el tubo de escape.

Esta violencia solapada podía ser más desesperante que la del molote, donde los hombres jugaban expuestos y con todas las cartas sobre la mesa.

¡Atentos todos!, ya llegaron Cuca y Sebastián, no dejes que te lo cuenten, son una gallina y un cerdo y están vivos”, repetía cíclicamente el altavoz. En este carnaval todo es cíclico, los anuncios, la vuelta del carrusel, el abastecimiento de la cerveza. Incluso hay cierta armonía  en los canapés que se distienden en la orilla de la calle, con ventas de cualquier cosa.

De repente todos comienzan a correr hacia un mismo lugar, ¿una bronca? pregunta alguien, “no sé”, respondo mientras fijo la vista en los niños que dan vueltas en el trencito de hierro.

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Una respuesta a “Carnavales

  1. ajaajjaja aun asi aunque sea ciclico, quisiera ir un dia dice que despuesde las romerias , segun Miche es lo mejorcito que hay en Holguín jajajaja aunque no spy amiga de las fiestas jajaja. un besote mi Chely

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