Personajes de mi ciudad: la femme fatal

Una vez la vimos en el parque y nos reímos de ella. Al caminar contoneaba las caderas, como las modelos en la pasarela, pero con mucha más fuerza. Para colmo, tenía la boca grande, los ojos expresivos, una cara tipo Betty Davis, pero desmaquillada, y al fumar aspiraba como en las pelis de los años ’30. Parecía que actuaba para una cámara y de hecho, creo que actuaba para sí misma, que estaba encarnando un personaje. Fue así que la bautizamos como la “femme fatal” y desde entonces la observávamos con intención cada vez que andaba cerca, como si miráramos un fragmento de ficción, como si su forma de vestir, su contoneo y las relaciones que establecía con los demás, no fueran reales y sí parte de un relato que ella misma se había inventado.

Un día la encontramos en el Café Las Tres Lucías, por aquel entonces recién estrenado. Poetas, escritores e intelectuales holguineros iba a recalar allí para hablar de cosas que “la gente normal” no entiende, a hacer chistes comprensibles solo para quien ha leído mucho y conoce nombres como Gottfierd Bern o Philipp K. Dick. La femme fatal estaba allí y nosotros seguíamos el hilo a su historia, los poetas tomaban café, lanzaban teorías, presumían de su aire snob y ella solo miraba y sonreía, como si no entendiera nada. La creímos muy pintoresca, asentía a todo, para no ser acaso la nota discordante, o no decir algo inapropiado que la lanzara al ridículo y desentonara con su pose.

Volvimos a verla una tarde en una lectura de poesía en el patio de la UNEAC. Allí estaba con la expresión de siempre. Ya nos habíamos acostumbrado a ella, no era preciso hablarle para sentirla cercana, habría sido tan inútil como intentar establecer un diálogo con el personaje de una serie televisiva. Cuando el locutor presentó al primer poeta, la femme fatal se paró de su asiento y fue hasta el escenario. ¡Se volvió loca! Creímos. Entonces comenzó a leer:

No tengo fe/ Veo a Judas a Cristo/ uno tiene las monedas/ el otro la corona de espinas/ Ambos me acompañan/me confunden con el mismo rostro/ No llevo el hilo en este laberinto / pero debo hallar la salida/ Intento salvarme con la verdad entre las manos/ Siento que alguien grita el porvenir/ y me cubro los oídos/ Necesito aliviar el espacio/ recoger el tiempo en bolsas de nailon/ Hay cosas que giran/ amenazan con sacarme de la línea/ y temo perderme/ La muerte está al teléfono/ no quiero irme/ Aunque no conozca la palabra precisa/ debo salir de esta esfera/ Aunque nunca sea suficiente anhelo ser pez/ sentir que tengo escamas/ para escapar entre los arrecifes.

La femme fatal tenía voz, y quería ser un pez, ¿qué seríamos nosotros entonces? ¿las algas? ¿un pedazo de coral? ¿la arena? Ella se paró del asiento y volvió al público. Nosotros dejamos de mirarla. La femme fatal no se llamaba así, ni era el personaje de un cuento, y nosotros… éramos unos idiotas.

PS: Mis respetos para Lizandra Navas, joven poeta de Holguín, nunca hemos hablado, no me conoce, yo tampoco a ella, pero sí a su poesía, que es cautivadora. Sortilegio de la esfera es el nombre del poema que se reseña en este post, por problemas de wordpress no pude ponerlo en su formato original.

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5 Respuestas a “Personajes de mi ciudad: la femme fatal

  1. Nos dio una lección, sí. En nuestras miserias reconocemos las miserias de todos.

  2. genial eso te demuestra a ti y a los demás que a veces ser difrente no es tan malo como se piensa, al final los ” normales ” son los que pecan de sabihondos. gracias por la lección Chely

  3. Chely, siempre llena de detalles, solo los grandes reconocen públicamente sus errores. Raros seremos todos a vista ajena, lo bueno es encontrar el valor de la rareza del otro y desalienarnos cada día un poquito de los patrones de “ser apropiado” que nos han empujado cerebro adentro durante tantos años. Besitos, te sigo leyendo.

  4. Lo importante es hacer esos hallazgos. Darle tiempo a la vida de sorprendernos y también de zarandearnos un poco, de ponernos en nuestro lugar. Nos pasa a todos, lo que no todos tenemos la valentía de hacer públicas nuestras meteduras de pata. Gracias por la historia y por presentarnos de esta manera a Lizandra, cuyos poemas tendremos que buscar. Un abrazo

  5. Gracias amigos a ustedes por comentar, hace tiempo no veo a la femme fatal, a lo mejor un día me acerco y le cuento esta historia, cómo reaccionaría?

Los comentarios aquí.

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