Regreso

He vuelto, amigos, a la ciudad Heroica. Muñecones de carnaval, fuegos artificiales, carrozas de cuerpos voluminosos, aglomeraciones, cerveza, hedor, semáforos disfuncionales, tránsitos desviados, me han devuelto un Santiago más festivo, violento y a la vez, más solitario.

Siento que me he tendido una trampa al regresar tan pronto, porque todo a mi alrededor es pasto para la nostalgia. En mi paso frecuente por la Avenida América, no dejo de reparar en el ISJAM (Instituto Superior Julio Antonio Mella o Lijam, como lo llama la voz popular), nuestro punto de encuentro. Parte de quienes nos reunimos allí, teníamos ya una buena cantidad de kilómetros en el cuerpo, recorridos en camión, tren, guagua, pero aún faltaban cinco horas de litoral santiaguero para llegar al afamado y nunca bien ponderado Campismo Río La Mula.

Fue bajo un árbol del ISJAM y justo antes de la partida, en que Rafael (el Turquinauta) nos confesó la cifra. Nuestros ojos desorbitados no le sorprendieron, estaba acostumbrado a recibir la misma reacción una y otra vez. Esta era su escalada 47, increíble. En realidad me pareció más increíble cuando subí el Turquino yo misma. No quise preguntar sus motivaciones o cómo empezó la historia de coleccionar los ascensos, prefiero el misterio, aunque seguro me dirá que no hay misterio alguno. De todas formas, esa cifra lo circunda, y frente a un grupo de aventureros, es como su tarjeta de presentación.

El resto del piquete éramos una pila de despistados, lo digo en el mejor sentido de la palabra, porque además de Rafa, Yurislenia, Maria Antonieta, Karina y Rodo, los demás no sabíamos a qué nos enfrentábamos.

Los recuerdos vienen como escenas desorganizadas en un set de edición. Betsy y Arnaldo fueron los primeros en llegar a Santiago, desde su natal Matanzas, y a pesar de las 16 horas en el tren, tuvieron ánimos para que una anfitriona despistada les hiciera caminar la Ciudad, un día antes de que los demás desembarcaran en el ISJAM. Arnaldo, curioso, inquieto, lo preguntaba todo y no siempre supe responder; Betsita, más apacible, se detenía en los detalles, en los más imprevistos, y los detalles reparaban en ella, recuerdo el zunzún que la persiguió en pleno Balcón de Velásquez, se persiguieron ambos. Nos acompañó siempre un sol despiadado, como el que de seguro cae en cualquier arteria del Oriente de Cuba.

Carmen Luisa fue la primera camagüeyana con quien hablé. Llegó con el resto de sus coterráneos a la recepción, y yo iba de salida. Nadie nos presentó, pero la reconocí al instante, también a Yurislenia y Maria Antonieta. No supe muy bien qué decir, uno se vuelve torpe al contacto humano, cuando le han precedido tantos encuentros por chat, o tras el “timeline” de twitter. Me sentí feliz de poder humanizarlas, a ellas, y a todos, fue como tomar una gran bocanada de oxígeno.

Finalmente sonreímos al vernos y nos fuimos conociendo en todo el camino, con las viejas mañas, las de conversar, caminar sobre las piedras, tumbar anoncillos, prestar los zapatos a quien se quedó descalzo, o servir de bordón en una escalada.

Alberto Manuel y Ernesto, también de la tierra de Agramonte, apenas se desperezaban cuando llegué al cuarto a conocerlos. El saludo fue corto, ninguno de los dos es muy conversador. Alberto sí observa mucho, habla poco, pero da la sensación de que podría disertar sobre cualquier tema, solo que se reserva su opinión. Durante nuestras excursiones descubrí, además, que tenemos una pasión común: la fotografía.

Con Ernesto casi no conversé, pero de alguna manera se integró al grupo y nos acompañó en todo, menos en la escalada al Turquino, ese día se quedó en la retaguardia, dorando un cerdito que engullimos al regreso, adoloridos, y hambrientos.

La zona de la Terminal de ómnibus santiaguera me recuerda a István, los horarios no fueron muy benévolos con él, o sí lo fueron, porque siempre llegó justo a tiempo. Ya había coincidido con él en otros festines, pero solo cuando vi su rostro a la subida, inmutable, o lo escuché imitar con precisión milimétrica los muñes de Elpidio Valdés, o cantar Jalisco Park de Varela (junto a Karina y Rodo, yo solo tarareaba), no creí conocerlo.

Al Rodo le debo eso, aprenderme dos o tres canciones que pidió en el viaje de regreso y de las que no recordamos la letra. Alguna vez durante el BlogazoxCuba, pasé por su Letra Joven y le dejé un comentario que él dice recordar, (dice eso para ser amable). La primera impresión cuando lo vi fue que se le había hinchado la cara, porque en su foto de perfil de face está mucho más delgado, me acostumbré a verlo así y ahora cuando veo su imagen en la red, siento lo contrario, en fin Rodo, que tienes que actualizar la foto.

Camilo, el químico, y poco entendido en temas bloguísticos, perdió una chancleta cuando intentó enseñarnos sus pasos de tektonik, bien aprendidos en alguna discoteca habanera. Ofreció sus tenis a la mariposa (Carmen Luisa), cuando ella, a su vez, perdió una de sus chancletas en el Río Turquino, el día que decidimos encontrar las pocetas de Los Morones, a tres km del campismo. Además de su probada caballerosidad, demostró que la química no entumece los músculos, fue uno de los primeros en llegar a la cima, y al regreso, cuando llegaba yo sin resuello a la base, ya Camilo llevaba más de hora y media echando una siesta.

De las espirituanas la primera impresión fue que lo único en común, era la provincia de nacimiento de ambas. A primera vista, Mary solía reírse de todo, y Yumey pelear por las mismas razones, luego me di cuenta de que el contraste no era tal, y que Mary podría incomodarse (aunque nunca lo hizo en mi presencia) y que Yumey, aún con sus leyes, podía ser muy comprensiva. Justo ahora caigo en la cuenta de que las tres éramos madres. Teníamos las tres un tesorito en casa, a quien contar la historia al regreso.

Qué lejano me parece todo ahora. Las fotos son el anzuelo más recurrido para volver. Aún no he visto las imágenes de la cámara de Reynier y Sheyla, un tunero y una matancera, enamorados y radicados en La Habana, también aventureros de este viaje. En sus imágenes debemos vernos mucho más expresivos porque el chiste era posar mejor para su Canon. Casi nadie lo supo, pero además de la cámara, Reynier siempre cargaba un radiecito portátil, para no perderse las incidencias del evento beisbolero de Holanda, y Sheyla siempre tenía que halarlo para que no se quedara en cama más allá de las 10 de la mañana.

Ahora vuelvo a marcharme de esta Ciudad, regreso a la llaneza, a las calles rectas de Holguín, y al reencuentro de mis colegas, de mis compañeros de aventura, de ellos no hablé en este post, pero Karina, Dianet, Johnny y Eliza también estuvieron aquí conmigo. Me acompañan ahora Carli y Giovana, y el recuerdo de un Martí en la niebla, de espaldas aún. Se escucha un grito, ¿habrán llegado a la cima?, ya desespero, por extraño que parezca el dolor en las piernas es soportable, pero me duele también el cuello, la cervical, qué sé yo, estoy sudada, empapada y hace frío, se escuchan de nuevo los gritos, ya llegaron?!!! sí!!!! casi echamos a correr, y como si ya no lo esperara, a unos metros del claro, ahí estaba la cima, tengo esa imagen incrustada en la pupila, Martí aún con matojos de por medio, borroso por las nubes, pero cierto, incólume, en espera de que viniéramos a plantar nuestra bandera.

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5 Respuestas a “Regreso

  1. Qué buena crónica Chely. Qué nostalgia. Espero que en octubre todo sea igual de mágico, aunque ir al Pico Turquino es insuperable, por la cuota de sacrificio que lleva y los lazos de amistad que se crean en esa subida y que son indisolubles

  2. Pingback: PostTurquino VI: Epílogo « Espacio libre

  3. Chely, gracias por este post, gracias por la amistad, un abrazo, y beso para la pequeña Giovana

  4. CHELITA ME ENCANTÒ SABES QUE SOY FAN TUYA PERO ME ENCANTÒ SACASTE LOS DETALLES DE CADA CUAL TIENE SEL PODER DE RETRATAR EL ALMA DE TODOS , Y RECUERDO BIEN EL ZUNZÙN , CONSTANTEMENTE LA MARIPOSA ME PIDE LAS CRÒNICAS QUE ESCRIBÌA CADA DIA ALLÀ Y NO TENGO EL VALOR DE MOSTRARLA PORQUE ERAN INCOHERENTES Y AL VER LO QUE HAN ESCRITO CADA UNO DE NOSOTROS ME SIENTO PEQUEÑA. GRACIAS POR SACARME LA NOSTALGIA. UN BESO GRANDE Y FELICIDADES DOBLE PORQUE HOY ES TU CUMPLEAÑOS Y LA Gio

  5. Uyy me has revuelto las nostalgias hoy, muchacha, hace falta que el Nicho llegue pronto y nos podamos volver a juntar todos, para repetir tan buenos días y tantas lindas emociones. Un beso grande.

Los comentarios aquí.

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