Desembarco en el puerto

La gente nos observa. No les importa que lo sepamos. Detienen la conversación y nos clavan los ojos, así, con desfachatez. Nos miran desde sus portales enrejados, como si el mosaico de hierro los aislara de la realidad, y los ubicara en una posición superior. Creo adivinar ojitos también desde las puertas semiabiertas, las rendijas. Tengo la misma sensación dentro de la casa. Me muevo en el cuarto y no puedo sustraerme a la necesidad de cerrar las ventanas, o mirar constantemente a través de ellas. 

La vecina de al lado vino hace un rato. “Para lo que necesites me puedes ocupar”, dijo al salir, y le sonreí. No voy a ir a su casa, no voy a molestarla, pero es bueno saber que si quisiera, podría hacerlo.

Desde mi ventana maltrecha se ve mucho verde. Por un lado distingo las ramas de una mata de guayaba, y un patio enorme; del otro, una pared, con ventanas cristalizadas, enrejadas y encortinadas. Nunca he visto a nadie salir o entrar de allí. Solo de vez en vez, se oyen voces.

Creo que hay una carpintería cerca, porque a ratos se escucha el efluvio estridente de una sierra. Por momentos me parece un barrio muy ruidoso: los niños siguen con la fiebre del fútbol y arman caóticos partidos en plena calle, desde aquí solo siento el bullicio lejano. Este callejón es como una guarida que tamiza la mayoría de los ruidos de la ruta principal.

Aunque el juego es a unos cuantos metros, casi puedo llevar el marcador del partido. Mi vecina volvió. Esta vez me dijo que vivía con sus dos nietos, un par de mellizos de 21 años que perdieron a su madre cuando tenían nueve: “los dos son muy buenos”, me dice y repite, como si no se lo creyera. Ella tendrá unas siete décadas vividas, y una piel arrugada en extremo. Estuve a punto de preguntarle por los gritos de anoche, pero sería demasiada indiscreción. No parecía la voz de un hombre de 21 años, sino de uno mucho mayor, quizás el padre de los mellizos, hijo de ella.

Mi vecina anda jorobada, baja las escaleras con trabajo, le dejo la puerta abierta para que la luz de la sala le ilumine el trayecto, y ella lo advierte, pero no dice nada.

Las noches son más apacibles. Aún nos acomodamos a la casa y ella a nosotros. Las casas se conocen por sus ruidos, sus corrientes de aire, sus insectos. Aquí hay hormigas enormes. En mi cocina anterior tenía grillos y bibijoas, y un sapo que se mudó en los últimos días, ya casi había aprendido a convivir. Acá igual tengo insectos y hasta ahora, solo una rana pequeña y despistada.

A eso de las nueve, la única referencia externa es el ladrido ocasional de algún perro y el sonido de un televisor lejano que llega multiplicado y al unísono. En la casa de ventanas enrejadas distingo una silueta a través del cristal. La sombra se mueve, pero no entiendo qué hace y dejo de mirar, lanzo la vista al otro lado y la mata de guayaba me sorprende, a veces creo que alguien me mira desde allí. Otra vez la discusión.

Él reclama algo, la comida, no sé, y habla cada vez más alto con violencia, se sienten golpes en la pared. Hoy por la mañana estuve a punto de preguntarle a mi vecina, preguntarle cualquier cosa, si se sentía bien, si quería venir de nuevo a la casa, ya no me atrevo a ir a la de ella, de hecho, creo que solo me invitó por cortesía. Al tipo me lo imagino alto, fuerte, de unos cuarenta años, de pelo negro y con bigotes. Eso es lo que me sugiere la voz. Al final no pregunto nada, la saludo con un gesto y me voy.

Ya todo ha comenzado a parecerme familiar. Me siguen examinado a través de las rejas, pero ya con menos curiosidad. Conversé con las señoras de enfrente. El resto del vecindario también se acostumbra a vernos y aunque no hablemos, con el tiempo terminarán por hacer conjeturas y dejarán de preguntarse cosas respecto a nosotros.

Yo también haré conjeturas: mi vecina ha tenido una vida azarosa, creo que el adjetivo es muy endeble, puñetera, diría yo. Perdió a su nuera, y su hijo se volvió un alcohólico violento que la maltrata, también cuando está sobrio. La silueta que vi en el cristal de la ventana de al lado, es de un hombre, no debe vivir solo. Él y su familia no salen de la casa porque tienen aire acondicionado y afuera hace mucho calor, y porque son gente huraña. De nuevo vuelvo a pensar en mi vecina y su soledad, y sus arrugas.

Aún me faltan cosas que pegar en la pared, y tarecos que organizar, como que aún no desembarco totalmente, pero ya la casa y el barrio me reconocen, a mí y a los míos. Este callejón cercano, al que solo miraba de pasada sin adentrarme jamás en él, ya va siendo mi puerto.

Anuncios

3 Respuestas a “Desembarco en el puerto

  1. aunque vivamos a kilometros de distancia, debo comentar que pareciera como si te hubieras mudado a la vuelta de mi casa, nunca crei que tu barrio alla en cuba se pareciese tanto a el mio, aqui en argentina. me gusta mucho tus redacciones, las esperare con ansias pebeta, saludos, desde las pamas argentinas.

  2. ciertamente a todo uno dbe adaptarse, me ha gustado mucho Chely sabes que somos fanas la una de la otra a ver si algún dia visito tu desembarco. un beso

  3. Las aguas están un poco oscuras, ya comienzan a enseñar los dientes los vecinos, quizá ese silencio es sintomático. Estamos en medio de un fuego cruzado entre vecinos que se odian: nosotros somos algo así como las víctimas: el pavo que miran condescendientemente porque será el que próximamente entrará al horno. No podemos arrojar agua en la placa porque le cae a la vecina, el vecino de abajo nos dice que va a acusar al propietario del alquiler porque la humedad le está jodiendo sus paredes. No nos podemos pelear de esa vecina egoísta porque la acometida de agua llega por su tubería, sé que el cualquier momento nos cerrará la llave, como ya nos pasó en otro alquiler. En el fondo está el egoísmo animal, que se ve en las ciudades, en las aglomeraciones, y mucho peor en las ciudades no urbanizadas como es el caso de este barrio: !que va, seré siempre un ratón de campo!

Los comentarios aquí.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s