Historia de Ramón y la tierra que nació desde sus pies

Cuando uno mira el terreno de Ramón Félix Rodríguez lo que primero capta la vista son los contornos y la uniformidad con que todo está dispuesto. Una hilera de piedras entre cada hilera de cultivos, y donde no hay nada sembrado, varios palos ubicados uno paralelo al otro, casi con la precisión de un matemático. Tanta exactitud no es necesaria, pero Ramón es curioso y además de proteger el suelo, lo decora para cuando venga todas las mañanas con la taza de café a contemplarlo.

Este agricultor de más de 60 años vive en el Quemado, zona montañosa del municipio Frank País de Holguín. Tiene su casa de tablas casi a la orilla de la carretera, y a unos metros de la vivienda hay una especie de barranco de casi una hectárea de superficie. Justo en los declives de esa oquedad, comenzó a probar suerte.

‘Un día bajé a buscar una gallinita, y vi que había tierra buena allá abajo’, cuenta Ramón, y a pesar del hallazgo, nadie creyó que fuera a sacar algo de aquel terreno pedregoso.

‘Empecé a acordonar la tierra, a hacer canteros con las piedras. Aproveché la zona del cañado para el plátano burro, allí había más frescura’, cuenta. Los matojos comenzaron a brotar contra todo pronóstico, y Ramón sembró entonces plátano fruta en el margen de un arroyo que delimita por uno de los extremos.

Como un químico que pone a prueba sus fórmulas en un laboratorio, sembró de todo en pequeñas cantidades, ‘a ver qué se daba’. Ha obtenido boniato, tomate, habichuelas, calabaza, yuca, frutabomba, piña. ‘Sembré 500 matas de café y se murieron algunas, pero ya sé que se puede cultivar en una parte’, comenta.

Sin embargo, lo más singular de este guajiro no es que apartara los pedruscos y demostrara cuán generosa puede ser la tierra. Según José Antonio Agüero, jefe de la Comisión Provincial del Plan Turquino en Holguín, Ramón Félix es uno de los mejores ejemplos de la zona en cuanto a cómo proteger el suelo de la erosión.

Explica Agüero que el suelo es el recurso natural más vulnerable de la montaña y que en las laderas con una inclinación superior a los 45 grados está prohibido el laboreo, o sea, el trabajo agrícola, ‘porque al remover la tierra, se pierde luego con la lluvia, va a dar al río y de ahí al mar’.

Se permite el laboreo en cuestas menos inclinadas, con la condición de que se proteja el suelo con barreras vivas, que pueden ser otros cultivos, o con barreras muertas, como palos, piedras, o cualquier objeto o material que pueda detener el descenso de la tierra. Según Agüero algunos jóvenes montañeses heredan de sus padres una tierra deslavada, y se preguntan cómo sus antecesores hacían tan buenas cosechas, y ellos apenas pueden sacarle el costo de lo que invierten en cultivar sus canteros, y es que sus padres no se preocuparon por preservar la fertilidad de los suelos, y entre una lluvia y otra se fue perdiendo la capa vegetal.

Ramón aprendió cómo proteger el suelo de la erosión en uno de los empleos que tuvo antes de jubilarse. ‘Estuve allí en Flora y Fauna (Dirección Municipal) y como lo pregunto todo, aprendí rápido’. No es el caso de muchos de los que viven en una loma y deciden trabajarla. Es usual ver sembrados de maíz, caña, u otro cultivo en las laderas del Quemado, sin el más mínimo resguardo.

Mantener el equilibrio que ha logrado Ramón no es sencillo. Aunque la mayoría del tiempo trabaja solo, ha tenido que contratar gente para labores tan pesadas como transportar las piedras, en algunos casos tan grandes, que un hombre no puede abarcar una de ellas con los dos brazos.

Ramón además, ha renunciado a cultivos de ciclo corto a los que puede sacarle provecho más rápido, por otros como la piña, con un ciclo de 18 meses, justamente porque la corona de esta fruta es una barrera natural para evitar la erosión del suelo. Ya han pasado siete meses desde que le otorgaran la tierra por el decreto ley 259, y aún no ha obtenido ganancias, pero las tendrá dentro de dos meses cuando coseche frutabomba y más adelante el plátano burro.

‘La tierra que me dieron abarca mucho más que esto, pero tengo que trabajar organizadamente’, dice este hombre, que fue azucarero por 21 años, y antes trabajó como técnico en inseminación artificial en una empresa pecuaria.

Su rutina de jubilado ha cambiado mucho desde que se hizo cargo de este terruño. Aprovecha la frescura de la mañana, pero vive solo, así que debe asumir también las labores del hogar, y la venta en un puestecito que montó en el otro costado de la casa.

Ramón no deja de mirar su terreno, parece enraizado a él y que el manto nace desde sus pies, de sus manos y su voluntad. Sabe que ha cuidado bien la tierra, y que ella sabrá compensarlo.

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Una respuesta a “Historia de Ramón y la tierra que nació desde sus pies

  1. Chely eso demuestra que la perseverancia es la mejor cualidad de los hombres que como Ramón no se dieron por vencido para hace algo útil, y la forma de describirla te quedó fresco fresco . un beso y sigue asi mostrando la vida de los holguineros

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