Caminar al amanecer

Caminar al amanecer es casi tan solitario como caminar en plena madrugada. Apenas te acompañan uno o dos trasnochados, el barrendero del parque, los custodios y las luces mortecinas del alumbrado público.

A veces aparece en el camino Luisito, el loquito prieto de la calle Frexes que va abriendo y cerrando las rejas de los portales de sus vecinos, y que a esa hora de la noche-mañana ya tiene bien despiertos sus grandes ojos de lechuza que miran a la nada y su verborrea imparable y sus pasos de chancletas arrastradas, pasos de maniático que se alejan, se acercan, un poco más, habla, habla, arrastra, otro poco, y se aleja, para terminar al fin con el sonido de las rejas chirriantes.

Cuando uno camina al amanecer siente que todo lo que ve le pertenece. La calle hacia adelante, llana, la acera desierta, por donde horas más tarde pasarán los desconocidos.

En una esquina dos hombres discuten o se abrazaban. “Eres un hipócrita” le grita uno a otro y yo intento imaginar qué historia absurda los habrá llevado a semejante diálogo a esta hora, y en medio de la acera. Casi no los miro, intento pasar desapercibida.

Camino, y en realidad estoy sola. Me miro en los espejos, en todas las vidrieras, me miro fijo, no de reojo como acostumbro a hacer cuando hay gente. Podría comenzar a bailar y nadie lo notaría, podría comenzar a cantar a media voz y a nadie le importaría, podría reírme, no muy alto, porque camino en una burbuja que tiene límites, allí en las ventanas con luz y en las puertas semiabiertas.

Empiezo a dar vueltas, y temo que alguien me esté mirando, no hay nadie, o nadie me ve, soy invisible, me confundo con el pavimento, no estoy. Rasga el aire el ronroneo agresivo de una moto en movimiento, la luz del foco me hace corpórea, vuelvo al pudor, al miedo. Llegó el día.

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Una respuesta a “Caminar al amanecer

  1. Holguín es cuna de historia y muchas tradiciones, a veces como tú me siento solo, pero lleno de todo, de recuerdos y de fe, de pensar que hay personas que dictan de su corazon un poquito de sabiduría y enseñanzas, sigue así, cultivando el quehacer diario y su transformación en algo de poesía escrita…

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