En búsqueda del joven Alex Urquiola (II parte)

Sí, yo soy sobrina de Alex Urquiola, en casa no se hablaba de otra cosa, era un hombre de mucho carácter, muy noble y justo, no le gustaba que se cometiera ninguna injusticia delante de él”, me dijo Odalis Alonso Urquiola cuando fui a visitarla en su puesto de trabajo. Antes, había llegado a la casa de uno de los hermanos de Alex, Angel Salomón, pero había fallecido en agosto, y sus hijos no pudieron darme datos específicos sobre el mártir. Tras mencionarme a Odalis y esta otra familia que vivía en la calle Pérez Zorrilla, fui tras la pista.

Odalis y Dulce son hijas de Iris, la hermana menor de Alex, nacida tres años después que él.

Alex era un hombre alto, atlético, le gustaba jugar cualquier cosa, sobre todo pelota y natación. Dice mi abuela que las muchachas andaban detrás de él”, comenta Odalis, una vez que llegamos a su casa. Dulce también se incorpora al diálogo.

Con los primeros datos que me ofrecen voy conformando el ambiente familiar en que nació Alex, a quien ellas llaman “Alé”, así, con la pronunciación en la última letra y sin la “x”.

El joven nació en Pueblo Nuevo, pero antes de cumplir un año, sus padres se mudaron para una vivienda ubicada en uno de los lados de la Carretera central. En la década del 30′ aquel reparto era un lodazal de tierra colorada, con casas de yagua y piso de fango. El padre de Alex, venía de un matrimonio con el que había tenido dos hijos. Sus cinco nombres delataban la alcurnia de su ascendencia. Angel Adolfo Pablo Ramón de la Caridad Urquiola Garrido, se casó entonces con Antonia Marrero, una mujer de clase muy humilde, y tuvieron a Alex e Iris.

Alex heredó el carácter de su mamá, mi abuela era muy recta, al contrario de abuelo que era más jovial, le gustaba conversar con todo el mundo”, comenta Dulce, quien nació en fecha muy cercana a la muerte de Alex, y se crió con sus abuelos.

A mí me parece que yo lo conocí porque se hablaba mucho de él, mi abuela nunca se recuperó, en casa nunca hubo festividad, ni radio, ni música de ningún tipo, ella jamás se pintó los labios, o los ojos, lo único que había de maquillaje en la casa era polvo, siempre llevaba medio luto.”

Cuenta Dulce que Alex hizo sus estudios primarios en una escuela a la que llamaban “Las moritas”, ubicado, según ella recuerda, detrás del actual cine teatro Ismaelillo. Después estudia en un tecnológico, en la construcción que los holguineros conocieron por mucho tiempo como el ITH. “Por ahí había una foto de él con sus compañeros de estudio, todos vestidos con un uniforme marrón”, acota Dulce.

Comienza a trabajar muy joven, como chofer del carro de distribución de una galletería llamada “La Rica”. En las biografías se cuenta que en ese automóvil Alex transportaba uniformes y armas a un punto desde el que eran enviados a la Sierra Maestra.

La tarde en la casa de Pérez Zorrilla se volvió cada vez más oscura y nublada. Manuel Alonso, el padre de Odalis y Dulce, había llegado con unas fotos desteñidas en la mano. Su esposa, Iris, había fallecido hace cinco años.

De los que estábamos en la sala, solo él había visto a Alex en persona. “De milagro, pude acercarme a Iris, porque era un hermano muy celoso”, dijo.

Y siguió sonriente, como quien recuerda un hecho muy añorado: “En los días de Reyes le compraba caramelos a los niños, y en las Pascuas se aparecían en la casa con un poco de muchachos”.

(Continúa)

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