Caballos en la ciudad

Hace unos días vi a un jinete con su caballo en plena avenida holguinera, y de inmediato fui a pescar entre los referentes que flotan en mi cabeza el del video de Penny Lane de los Beatles (ya sé que hablo mucho de los Beatles por estos días, pero fue lo que me vino a la mente). En medio de los autos, los edificios y los semáforos de Liverpool, un oficial regula el tránsito montado encima de un corcel, los de ahora cabalgan en motocicletas, pero el primer medio que utilizaron para esa actividad ha hecho que hoy se les llame “caballitos” a quienes andan vestidos de “poli” en moto y poniendo multas a los infractores de la vía.

Hay lugares en Holguín en los que un caballo solitario en la calle no me habría llamado la atención, porque forman parte del entorno. Uno de los medios de transporte que con más frecuencia se utilizan en esta ciudad son las carretas o coches, y quienes los conducen, por lo general, viven en zonas apartadas del centro, por donde acostumbran a pasear a sus cuadrúpedos de vez en vez.

Hablo de Repartos como La Quinta, La Luz, Alcides Pino o Lenin, pero, ¿en el centro de la ciudad?, ¿En plena calle Cervantes? Definitivamente llama muchísimo la atención, causa risa. Alrededor del parque Calixto y diez cuadras a la redonda, un caballo solo se justifica pegado a uno de estos carromatos.

Justamente este tipo de cosas es lo que define cuán citadino o pueblerino es un lugar. Lo que hace la gente en su tiempo libre, cómo se visten para salir, son algunos medidores, pero el transporte urbano te dice cuál es el ritmo de una ciudad y por lo tanto cuán grande o chica es.

Por ejemplo, Holguín es menos citadina que Santiago, que además de ser un sitio enorme, es violento por sus elevaciones. El sube y baja trastoca a la gente. Por ser el lugar que es, el negocio de las motos ha tenido un éxito rotundo. Todo el que tiene una motocicleta, pague o no impuestos al Estado, cobra 10 pesos cubanos (el salario medio en Cuba es de 450 pesos cubanos), a cualquiera y al lugar que sea. Es un medio de transporte rápido, ligero, con facilidad para escabullirse y meterse en cualquier recoveco santiaguero, por sus avenidas, sus callejones, a donde sea.

En La Habana, los motoristas no habrían sostenido el nivel de vida que tienen en Santiago, porque la capital cubana es también una ciudad agitada y con recovecos, pero es enorme, mucho más grande que cualquier otra de Cuba. Los viajes en motos serían demasiado largos y agotadores, es por eso que funciona más el negocio de los almendrones (máquina antigua), además de que el transporte estatal es mucho más estable. Estoy hablando del 2011, cuando ya las escenas del “camello”, aquellos articulados que simulaban a los dromedarios y que se atestaban de gente, no se ven más.

No digo que el P1 o el P14, como se les llama a algunas de las rutas que funcionan desde el 2008 en Ciudad de La Habana, hayan resuelto el problema del transporte urbano allí, pero sí lo han mejorado de manera notable.

Vuelvo a los caballos. En La Habana sí que es difícil verlos, al menos yo solo he visto uno o dos coches en la Habana vieja, y para transportar turistas.

El contraste total lo encontré en Bayamo. He estado allí varias veces, pero solo de pasada. Incluso así, noté que es una ciudad lenta, un poquito más lenta que Holguín. Los coches pululan, y la gente hace cola para montar. Lo que más me asombró fue lo paciente que son los bayameses para subir a estos vehículos tirados por cuadrúpedos. No se apelotonan, no discuten, con mucho calma van uno detrás de otro hasta que les llega el turno de arribar. Es como si no tuvieran apuro. La ciudad parece latir al ritmo de sus coches y la gente que los monta.

Ver el caballo en la calle me dio un poco de vergüenza, -como si alguien me estuviera señalando un grano en la cara-, supongo que por ese falso orgullo de citadinos que tenemos los holguineros. Holguín es pequeño, pero ojalá no tuviera que ver tantos coches a diario para recordármelo. Es broma, los coches resuelven, (aunque son inseguros y los cocheros suben los precios cuando les da la gana). Supongo que uno debe ser y no aparentar. A los holguineros nos encanta el rock, montamos patineta, somos emos y frickies, asumimos cualquier corriente urbanística y globalizadora que haya por ahí, pero los caballos en la ciudad nos delatan.

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2 Respuestas a “Caballos en la ciudad

  1. Estoy, con este articulo, definitivamente. Con el tiempo he meditado, si tuviera que irme con los míos de regreso a Santiago, mi ciudad natal, me llevaría solo esto de Holguín: que sea una ciudad pequeña, con un ritmo humano, que dé tiempo a ser feliz, a soñar y emprender proyectos. No sé cuál es el origen antropológico, sicológico de esto, pero Holguín es una ciudad universal, en el sentido más literal, una pieza que puede adaptarse a cualquier mecanismo. También aquí puedes encontrar a una mujer hermosa y ser feliz, es decir, esa felicidad imperfecta y terrenal que solo descubres cuando la pierdes, o estás a punto de perderla. Felicidades a su autora.

  2. José Angel Abreu Saco

    Muy bueno Aracelys,… pero sobre este tema de caballos y caballócratas te pido que lo continúes para el bien de todos y por sus partes “malas”. Cierto lo de los problemas de transporte en nuestra “no tan pequeña ciudad” y la utilidad que ofrecen son ahora necesarios,… pero violaciones de tránsito, sus precios de ciencia ficción, los atentados constantes a la higiene de nuestras calles y a las personas , el maltrato a los pobres equinos y la pasividad de las autoridades con todo eso, son temas que, a falta de acciones sensatas, sugiero abordes con verbo,….

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