El viejo Columbié

Hace unas semanas entrevisté a Luis Felipe Columbié, arquitecto de 89 años, proyectista de un buen número de las instalaciones que hoy visitan, viven y mueren los holguineros. Aún no termino de escribir, pero aquí va la primera parte:

Estuve conversando con Luis Felipe Columbié casi tres horas, y no sentimos el ritmo de la casa. Su hija cocinaba, su bisnieta jugaba en los pasillos, llegó una visita, y todo se movía alrededor nuestro como una danza acompasada, sin tocarnos o molestarnos. Ese es el truco del buen diseño, las paredes, ventanas, puertas están en el lugar que deben ir por una razón bien pensada, todo fluye, nada estorba.

El arquitecto de 89 años, Premio Nacional de Arquitectura en el 2003, nació en Baracoa, pero fue Holguín la ciudad que ayudó a construir. La escuela secundaria Juan José Fornet, el Hospital Pediátrico, la Terminal de Ómnibus, la sede de Telecristal, el Monumento a las seis columnas, la urbanización de la Avenida Los Álamos, entre otras obras, se proyectaron desde su cabeza.

Llegó a trabajar a la Ciudad de los parques en 1947. Las imágenes que nos describió de aquel entonces parecen fotografías en sepia o una película gastada en 35 milímetros: “El Reparto Peralta era un guayabal, aquí se tiraban los aviones que venían a fumigar. Cándido Peralta que era el dueño del terreno, empezó a trazar calles con un buldócer y a vender solares. Yo vi el crecimiento de todo este reparto, que llegaba hasta ahí, hasta el río. De hecho Holguín tenía sus límites en los ríos Jigüe y Marañón, fuera de eso no había nada.

“Durante la dictadura de Batista muchos campesinos llegaron aquí buscando trabajo. Se construyeron más de 10 mil bohíos en los alrededores de la ciudad. Llegaron a formar una faja a la que llamaban el cinturón de guano. Eran construcciones infrahumanas sin acueducto ni alcantarillado. Por esta inmigración la población holguinera se duplicó en esa década.”

Los holguineros no podemos presumir de edificaciones grandiosas como Santiago de Cuba o La Habana, quizás porque somos una ciudad más joven, ¿qué define entonces a la arquitectura holguinera?

“Cuando empecé a trabajar aquí, el estilo que se priorizaba en las construcciones era el racionalista, con el que se eliminaba toda la decoración superflua. Lo más importante era la funcionalidad. Para la belleza se buscaba el contraste entre los volúmenes y las superficies lisas. Sin embargo, existen obras aquí alejadas del racionalismo, como el teatro Eddy Suñol y el ITH que pertenecen al art-decó. En la Casa Iberoamericana hay reminiscencias de lo que era el art nouveau, pero no es puro. Existe también mucho eclecticismo, que es la combinación de varios estilos.”

¿Y por qué estudió arquitectura y no otra carrera?

“De muchacho me regalaron un juego que era de armar casas. Tenía muchas piezas, yo hacía puentes, casitas, calles, castillos. Comencé a fijarme en las construcciones que veía por ahí, y a compararlas con mi juego. Así me llegó la inspiración por la carrera. A los 16 años me fui a estudiar para La Habana, porque todos los días tenía que coger un vapor de Baracoa a Santiago, que fue donde hice los dos primeros años de la academia. Desde mi pueblo no había carreteras, ni nada por tierra que nos conectara con Santiago. Me fui para la capital porque allá tenía dos hermanos.”

Por esos años oyó hablar de Le Corbusier, uno de los fundadores del racionalismo, de Niemeyer y el hormigón armado. Se enamoró del gótico: “es un estilo orgánico totalmente, los decorados son funcionales. Por ejemplo, las gárgolas eran un adorno, pero servían para expulsar el agua que venía del techo”. En esa etapa comenzaban a construirse en La Habana edificios altos: “fue en los años ’30 y ’40. El primero fue el López Serrano que está en Línea, y luego el Bacardí que es el mejor ejemplo del art-decó en Cuba.” Pero esas grandes edificaciones nunca llamaron su atención, hasta hoy piensa que “el hombre fue hecho para vivir en la tierra, no a medio kilómetro encaramado en edificios altísimos.” En sus años de estudiante solo lo cautivó una casa en Marianao, perteneciente a un ricachón de la época de apellido Cueto de La Nodal.

Le gusta vivir pegado a la tierra, pero su casa está sobre pilotes…

“Es una característica del racionalismo, el estilo que estudié y que en mayor medida puse en práctica.”

¿Qué no debe faltar en una casa bien diseñada?

“Creo que no debe faltar un lugar para que los viejos se retiren, a ver televisión, sin entrar en conflicto con el resto de la familia, donde las generaciones puedan convivir de la mejor manera. Se debe buscar la amplitud aunque el espacio sea pequeño.

“La casa debe estar en consonancia con el medioambiente. Un lugar ecológico tiene ventanas grandes, entra el aire, el sol, hay árboles por todos lados. Las construcciones, en general, deben considerar la relación con el entorno, por ejemplo, este río que pasa cerca (Marañón) lo fueron estrangulando, disminuyeron su cauce. Por eso se desborda cuando llueve. Cuando no hay equilibrio suceden estas cosas.

¿De sus construcciones en Holguín, por cuáles siente mayor afecto?

“Mi obra más grande son Los Maristas (Colegio Champagnat Hermanos Maristas, hoy escuela Juan José Fornet), y otra que me gusta mucho es la intervención que tuve en la iglesia San José, para ampliarla de tres a cinco naves, pero quedó inconclusa. Otra edificación que tengo entre mis preferidas es una que proyecté en Yareyal, a Ramón Camayd, dueño de la estación de ómnibus y de los autos Camayd. Mi casa también me gusta, claro.”

¿Dónde guarda sus planos? (Continuará)

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2 Respuestas a “El viejo Columbié

  1. Me gusta este artículo, muestra ángulos y facetas de la construcción social que por lo común no se abordan pero que sin duda son muy importantes, porque determinan identidades sociales. Por otra parte comulgo con los conceptos arquitectónicos del maestro Columbié, no hay nada más terrible en términos habitacionales que estar encerrado en concreto, sin ver un árbol y lo que de vida implica: pájaros, con suerte ardillas, flores, frutos. Espero con gusto la segunda parte del reportaje.

  2. Fui compañero de trabajo del Arq. Luis Felipe Rodriguez Columbie,cuando trabajamos en la EMPAI # 13 de Holguin, Cuando se rediseño la terminal de Ómnibus de Crespi para convertirla en tele cristal, El diseño la parte arquitectónica y yo tuve el privilegio de colaborar con el, al diseñar la parte eléctrica y del aire acondicionado de los estudios de telecristal, asi como también el restaurante del Valle de Mayabe y el bombeo de la piscina, ademas como antiguo alumno Marista fui compañero de estudio de su hijo y disfrute con orgullo de la escuela diseñada por el, asi como la casa de mi Tio Ramon Camayd, en Yareyal, En paz descanse el amigo Luis Felipe.
    Luis Zellek Camayd►

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