Rumbo a Holguín: Notas desde una Terminal

Estoy en una terminal, el lugar más colorido y diverso que conozco. Los viajes siempre me sacuden y me devuelven la perspectiva. Lo que más disfruto es la gente que se conoce, gente tan diferente a uno, que solo en un lugar como este es posible una conversación o algún tipo de intercambio por más de dos horas…

Ya no sé cómo sentarme, al principio me pareció genial llegar hasta esta silla, pero ahora no tanto, el piso o el maletín se ven más cómodos…

….

“¿Este tipo no ve la facha que tiene? ¿A quién va a convencer?” le dije a la señora de atrás riéndome, aunque no tenía ganas de reírme, pero igual buscaba complicidad, compañía. El negro aquel de verdad tenía una facha sospechosa, hablaba enredao, como un borracho.

He conversado con los tres de atrás, con la de al lado, y con los dos de adelante, así que me siento en una especie de Isla, todos están tan embarcaos como yo, eso nos une. A mi izquierda hay una L de maletines, uno bien juntito al otro, un caballo de ajedrez podría pasearse por ellos sin romper las reglas del juego… La frontera de maletines me custodia, y viéndolos juntos así, parece que todos somos una partida de trotamundos…

……..

Aquel negro perseguía a la gente como un perro al que le han echado varios huesos y no sabe con cual quedarse, y los huele todos, indeciso, con ansiedad, pero cuando agarra uno, lo despedaza, lo muele de un solo golpe. El negro mismo parece un perro, trae los ojos entreabiertos como si le pesaran los párpados, y en uno de los pómulos tiene un grano enorme.

Después de que engancha el pez, o sea, que logra la atención de alguien, cosa rara porque todos le huyen, comienza su jerigonza, les ofrece una vía más rápida para irse de aquí, unos le siguen, otros ni lo miran.

……….

Sigue llegando gente a anotarse en la lista de espera, ellos no tienen nada que ver conmigo, vienen a anotarse hoy para irse mañana, sus caras no me dicen nada, no reparo en ninguna de ellas… solo veo un cúmulo de gente que se amontona cada vez más… 

Recuerdo una vez en que vi el amanecer en esta Terminal, la señora de la limpieza pacientemente fue barriendo, y pasando el trapeador, nadie hablaba por el cansancio, y verla fregar el piso fue como si pudiera quitarme un poco el churre que traía yo encima.

La Terminalestá repleta, todos los asientos ocupados, y un centenar de personas acostadas en el piso, sobre sus bolsos, sentados en periódicos, llenando crucigramas, tomando refrescos, comiendo pollo en cajitas de cartón, conectados a un teléfono público, conversando o mirando a la nada.

Mi compañera de enfrente es superexpresiva, con ella cerca no me siento sola, porque habla mucho y mi mente viaja en sus palabras, pero no va en la misma dirección que yo, y es mejor que no me encariñe porque lo más probable es que se vaya primero, y entonces, es como empezar de nuevo…

La gente se va, coge sus maletines y se va, con una risotada en la cara, apenas puedo escribir, ya está oscureciendo y los focos encima de mi cabeza no sirven, el sabueso no ha venido más, a dónde habrá ido?, estará acostado sobre algún saco, o buscando algo de comer, ¿tendrá alguna cama cálida o un plato de comida? ¿Cómo habrá llegado a convertirse en lo que es? ¿En qué momento la gente pierde el camino?

Su ausencia me recuerda que ya se está haciendo tarde…

 La Terminalparece un lago de mugre, esto es la selva… uno aquí se siente tan solo, y tan fuerte a la vez, siempre habrá algo idílico en esto de coger una mochila e irse solo a alguna parte, tú eres tu barco, tu capitán, tu remo, tu salvavidas…

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Romerías de mayo, me duele la cabeza y quiero ser omnisciente……..

Acaba de abrir wordpress, hace días lo estoy intentando, porque desde el 2 de mayo mi ciudad vive con intensidadla XIXedición de las Romerías de Mayo, y yo con ella, pero ahora mismo me duele tanto la cabeza que apenas puedo articular dos o tres palabras. Ahora mismo todo el mundo está en el estadio, las delegaciones desfilan, y yo detrás de esta computadora, enviando el último trabajo que escribí para el periódico La luz, diario del Festival. Quizás dentro de unos días pueda hacer un repaso, pero no ahora. Solo quiero contarles que en el desfile inaugural sentí que de verdad estaba en un festival mundial, por lo exótico de las presentaciones, el colorido. Una delegación rusa cantó y yo me sentía en un iglú en Alaska, qué abstracción, na que ver, pero de verdad me sentí en Alaska y no en Rusia, todavía me pregunto si los locutores se equivocaron al anunciarlos. En fin, que en Romerías uno se siente en un estado de ansiedad permanente, porque las propuestas son tantas, y uno con ganas de ser omnisciente o de tener el don de la ubicuidad… Siguen las romerías, también mi dolor de cabeza, desconecto……

Primero de mayo: banderitas, el sol, la gente y una Cuba que anda

Lo que más me gusta del primero de mayo, es la música que llega desde la plaza cuando aún remoloneo en la cama. Es de noche, los gallos aún no cantan, pero afuera hay un murmullo inusual. Mis vecinos salen de sus casas vestidos de azul, blanco o rojo, los colores de la bandera y como resumen, una banderita pequeña en la mano.

La gente va llegando de cualquier parte y como los afluentes de un gran arroyo, se van incorporando para formar la multitud. Recuerdo que de pequeña me llevaban en hombros, y desde mi altura provisional, todo era más fresco y alegre. Era usual encontrar a los amigos de mis padres, esos a los que siempre le parece que uno ha crecido demasiado en muy corto tiempo.

Después, supe de qué se trataba todo esto, supe que no en todo el mundo se celebra igual, de hecho, no se celebra, se pelea, se exige, como lo hicieran los obreros estadounidenses hace más de una centuria por la jornada de ocho horas. Las demandas de este siglo, son diferentes, pero igual de intensas y necesarias, porque se sigue soslayando el derecho del proletariado.

Las imágenes me llegan desde el televisor, la web, y no logro identificarme con esa realidad, mis inocentes recuerdos serían muy diferentes de haber nacido en otra latitud. Aún recuerdo el sol, “mami dame agua”, las caras desconocidas y yo, como reina en un trono, mirando desde la cabeza de mi padre cómo nacía un pueblo de entre las banderas.

Todavía quiero hablar de cine

Ya había olvidado la sensación de descubrir que aún es de día tras la puerta de un cine. Apenas recordaba la torpeza de quienes acaban de entrar en la sala oscura, o de cómo las pupilas se van abriendo y la retina comienza a percibir más luz, tal y como sucede en una cámara fotográfica.

El Festival del Cine Pobre me devolvió todas esas vivencias. Ya sé que es tarde para hablar de un evento que acabó hace más de una semana, que Gibara vive su ritmo habitual y que los delegados apenas conserven el recuerdo de la brisa de aquel poblado costero, pero a veces uno necesita que las cosas reposen para calibrar los hechos.

Siempre en los Festivales de Cine Pobre en Gibara he sentido que alguna especie de ánima entra por mis poros para sacudirme, trastocarme, hacerme convulsionar. Este año, ese ente espiritual que al final me deja a rastras y sin fuerzas, apenas se cruzó en mi camino.

Es cierto que soy madre y que por razones obvias no he podido vivir el evento con la misma intensidad, pero aún así, sentí el Festival lo suficiente como para discernir que a esta edición le faltó solidez.

No hablo de las descargas nocturnas, esas que por su propia naturaleza, nos dejaban durmiendo la mañana en un parque de esa Villa luminosa. Hablo de los debates, de la vida, del aire diferente que se lograba respirar en Gibara. Y vuelvo sobre los debates. Los foros de la mañana eran el punto de encuentro, el lugar al que todos íbamos a vernos las caras y a hablar, con intensidad de los temas que aún nos duelen. No digo que hablar de sexo transaccional, o la mujer en la creación sean temas banales, pero no debimos dejar de discutir de cómo la gente está produciendo ahora, con lo que tiene y con lo que no tiene, de cómo los cortos o los largos se filman y nadie los ve porque no tienen acceso a redes de distribución, o de cómo tanta gente sigue haciendo una película con la cámara de un amigo, y no saben cómo acceder a los fondos o a los premios.

Además, los foros debieron quedarse en la Casa de la Cultura, una construcción mucho más amplia y luminosa que el lobby del cine Jibá. Concentrar todas las actividades en el cine rompió el ritual de ir de una institución a otra (Casa de la Cultura y cine Jibá), por la calle Independencia, la más céntrica de Gibara, lo que trajo como resultado que de todas formas la gente fuera de un lugar a otro, esta vez, y al menos así lo sentí yo, invadidos de un sentimiento de desamparo y nostalgia enormes.
Por otro lado, en cuanto a organización, este ha parecido un primer festival aunque sea el décimo. Toda una década de experiencia no vio sus frutos por que, al parecer, este nuevo equipo y el anterior no se vieron las caras. Lester Hamlet, prolífico realizador de audiovisuales, y nuevo director del evento, tendrá que entrenarse un poco más en estos menesteres, porque se le vieron demasiadas costuras al Festival (sobre todo se cayeron muchísimas actividades programadas, lo mismo foros, presentaciones de artistas o la programación del cine)

Aún con todo esto, le doy a Lester el beneficio de la duda. Estoy segura de que podrá tener ediciones más exitosas, sobre todo si sigue teniendo ideas tan buenas como el largometraje que en los días del Festival se rodó en Gibara, y que convirtió al pueblo en un gran set de filmación. Quizás Lester, y es una pretensión mía intentar pensar por él, creyó que era mejor hacer algo diferente y se decidió por los temas que mencioné en la parte teórica, pero sé que si se escucha a sí mismo y a quienes le rodean, se dará cuenta de que aún hay mucho de que hablar en cuanto a maneras alternativas de producir, de distribuir, de hacer cine.

Al margen de todo, sentí que Gibara lo recibió agradecida, por devolverle un proyecto que siempre le perteneció. La Villa estaba tranquila, llovió dos o tres veces. El paisaje era el mismo: los botes meciéndose al unísono sobre la marea y una silla, como la montura de un caballo, inmóvil a lo lejos. Me fui de Gibara, sorteando las más de ochenta curvas de esa carretera, con los recuerdos de ediciones pasadas dándome vueltas en la cabeza, pero no es tiempo de nostalgias, sino de fabricar un nuevo camino para seguir andando.

GIBARA EN FESTIVAL

Las lunas de Méliès: pobres e ingeniosas Por Aracelys Avilés y Leandro Estupiñán

Decenas de máscaras con la célebre luna de George Méliès desfilaron por la calle Independencia para inaugurar desde la céntrica arteria gibareña, la 10ma edición del Festival Internacional del Cine Pobre. La banda municipal, los delegados, los payasos, los niños, los pobladores, todos llegaron juntos hasta la plaza de la iglesia, para entonar el himno de Gibara y escuchar a Lester Hamlet, nuevo director del evento.

“Año bisiesto”, del realizador mexicano-australiano Michael Rowe, inauguró las exhibiciones en el cine Jibá, sitio donde, además, se preparaba el escenario para una de las actividades más esperadas: los paneles teóricos. “Sexo transaccional, transgénico, diversidad sexual y otros vicios”, fue de las primeras temáticas discutidas en el lobby del cine Jibá.

Para hablar de la mujer y la creación se reunieron en el mismo lugar, el jueves, mujeres de tres nacionalidades. La cubana Liset Vila aseguró que la desigualad de géneros está en todas partes y que “no es un concepto sociológico, sino político”.

Isabel Santos opinó fuera de panel que “el cine cubano siempre ha sido muy machista. Los protagonistas son hombres, los directores son hombres. Trabajar con la mujer es difícil, pero Humberto, por ejemplo, lo hacía genial.” Ella es una de las homenajeadas de esta edición, junto a Sandra Ramos, artista de la plástica, responsable del cartel y otros soportes visuales del Festival.

De “su niña con cara de luna” habló para las cámaras: “El cuerpo de la pionera tiene que ver sobre todo con el significado de la palabra en sí. Pionero es ser primero en algo, y la luna de Georges Meliés, habla de los inicios del cine, que además, se hizo con muy bajo presupuesto.”

Muy cerca del cine, en el parque central, un grupo de personas tratan de ponerse de acuerdo respecto a un asunto que solo ellos conocen. Una cámara y un juego de luces los custodian. Se trata de uno de los equipos de rodaje que por estos días de Festival, convierten a la Villa Blanca en un gran set cinematográfico.

“Este era un viejo sueño de Solás”, dijo Lester Hamlet al referirse a la manera en que el certamen incorpora a sus jornadas la realización. Hasta el inicio del evento se habían reunido unos 12 guiones, aunque pueden sumarse otros directores, otras ideas. “Quieres que llore”, “Pepín”, “Como el que más”, y “Por primera vez”, son algunos de los nombres provisionales de los proyectos, en rodaje por estos días, y que al final conformarán el largometraje “Gibaras”.

Otro viejo sueño hecho realidad fue la extensión del Festival. Gracias a la red de educadores del Centro Martin Luther King, el Cine Pobre llegó a toda la Isla. La institución, además, otorga uno de los premios especiales, el de Ópera Prima a la obra que mejor refleje los valores humanos, y para ello trajo hasta la ciudad un grupo de especialistas encabezados por Tamara Roselló. Se integran también a este tipo de lauros, la EICTV de San Antonio de los Baños, la UNESCO, con el Premio Cámara de la Diversidad, y el Centro Pablo de la Torriente Brau con el Premio Memoria.

El Vancouver FilmSchool otorgará un premio para obras de Animación y Videoarte de los cuantas compiten en la categoría Videocreación. Adrián López, parte del jurado en esta, comentó que “es una especialidad nueva en el Cine Pobre, le llamaron videocreación, pero cuando el jurado comenzó a trabajar, concluyó que hay tres vertientes: videoarte, animación y videoclip. No pueden medirse en una misma balanza. Tomamos la decisión de premiar cada una de manera independiente”.

Además de las 30 obras experimentales realizadas en vídeo, integraron la sección en concurso 38 filmes de ficción, 31 documentales, 11 guiones y cuatro maquetas. Se instituyó el Premio Adria Santana para galardonar los desempeños actorales en ambos sexos, en honor a la actriz cubana que falleciera en septiembre del año pasado. Un jurado que integran Isabel Santos, Lester Hamlet y Pastora Vega evalúan los ocho nominados.

Desde el inicio del Festival, la antesala del Cine Jibá ha sido también espacio galérico. “La utilidad de la virtud”, una expo-colectiva que integran autores como Alicia Leal, Eduardo Roca (Choco), Juan Vicente Rodríguez Bonachea, Rubén Rodríguez y Manuel Comas, se compone de una treintena de obras de pequeño formato sobre papel craft, en los que se discursa sobre la mujer, la creación audiovisual, la niñez, la diversidad, entre otros temas. Rodríguez y Comas, además, inaugurarán mañana una muestra con el tema del erotismo.

Complementan estas exhibiciones la expo “Arte abstracto” de los autores Nalia Martínez y Juan Carlos Anzardo, quienes a su vez se unen bajo el nombre de Proyecto 2. “Humberto (Solás) conocía mis obras, y se interesó porque hiciéramos una exposición conjunta, precisamente para romper la tradición del arte de Gibara, que es muy conservador, muy de paisaje, y así llegamos hasta aquí”, comentó Anzardo.

En la Casa de la Cultura hubo muestras fotográficas. Siluetas a contraluz, La luna de Gibara, o La danza uniforme de los barcos en el mar, del fotógrafo José Julián Martí Montero, ejemplifican una de estas. Exposiciones.

Aún queda Cine Pobre para hoy y mañana: un panel con representantes de la UNICEF; el taller de pintura de papalotes; la distinción a Tanya Valette, psicóloga, guionista y realizadora audiovisual dominicana; las proyecciones y otras acciones colaterales.

La última actividad, esa que sirve de preludio a los delegados antes de que regresen a los hoteles y hagan sus maletas, será un concierto de Interactivo y Santiago Feliú, según el programa. La presentación tendrá lugar en la Plaza Da Silva, espacio que ha funcionado todas las noches como puerto seguro para quienes decidan terminar la jornada con música. El DJ Iván Lejardi, Descemer Bueno y Qva Libre se alternaron en la pista.

Esta vez, los delegados llegaron a una Gibara optimista, dispuesta a asumir con el mismo ímpetu, esa fiesta de las artes que iniciara Humberto hace una década. Para el nuevo equipo de producción, este décimo encuentro fue como un ensayo en el que no todo salió como se planeara. Algunos foros se suspendieron y faltó comunicación, aún así los materiales llegaron a la pantalla. Quizás deba replantearse el devolver a la Casa de la Cultura, una construcción mucho más amplia y luminosa, la sede de los encuentros teóricos, y que estos vuelvan sobre temas medulares como la producción y la distribución, en un mundo aún signado por la hegemonía de las grandes industrias.

Algún “loco” podrá llevar aún la inolvidable luna de Méliès pegada al rostro. Ahora, aquí, símbolo de lo que es pobre, pero también de mucho ingenio, como el francés que la volviera icono. Y esta vez no es un telescopio lo que irrumpe en su rostro, sino una silueta, la Isla de Cuba transformada en otro camino al cine.

Holguín: Diversidad religiosa que nos define

Dicen que cuando se creó el mundo, en las tierras más fértiles nació Orisha oko y en los espacios putrefactos y hediondos, surgió Babalú ayé, y con él la enfermedad. Un día Olofi le pidió que no se acostara con ninguna mujer y que respetara la abstinencia del jueves santo, pero Babalú lo desobedeció, y Olofi lo castigó con la muerte. Obatalá intercedió para que lo resucitara, pero no pudo convencerlo, hasta que fabricó una especie de oñi o miel, a la que Olofi no pudo resistirse. Fue así que Babalú regresó de entre los muertos, a cambio de aquel elíxir. Este Babalú Ayé de la Regla Arará es el que se identifica con el San Lázaro que veneramos los cubanos, y que viene de la Biblia.

Escuché al profesor Carlos Lloga, especialista de la Casa del Caribe, hace dos días, y recordé al San Lázaro que tiene mi prima en el pasillo de la casa, y de las veces que ha llevado azucenas al mar, o de cuando se compra pulsas y aretes que suenen mucho, o cuando anda buscando ajo, coco, miel, para algún remedio.

De la Virgen, de Babalú ayé, del protestantismo en Cuba, del espiritismo de cordón y de la conformación del panorama religioso holguinero, también hablaron en aquel panel en la Casa de Iberoamérica de Holguín, los profesores Alejandro Torres Gómez de Cádiz, Gonzalo Grimal y Oscar Barzaga, movidos por el nuevo aniversario de la fundación del hato holguinero (4 de abril de 1545) y de lo que el culto popular religioso significa en la idiosincrasia de cualquier pueblo.

Alejandro Torres Gómez de Cádiz es un excelente profesor, siempre va a la esencia y al origen de todo. Fue el primero en hablar y definió el campo religioso holguinero como “amplio y polivalente” y muy ligado, como en otras regiones, a los grupos étnicos que se fueron asentando en Holguín desde la llegada de los españoles.

La presencia aborigen fue prominente en Holguín y “no seré tan indigenista para darle más valor del que tiene ni tan eurocentrista como para negarlo”, apuntó Alejandro, es decir, la cultura arauaca y sus ídolos de alguna manera dejaron huellas en nuestra identidad.

Sin embargo, los primeros siglos en la región estuvieron marcados por el catolicismo. La economía de aquellos años no precisó de la importación de esclavos negros (había un solo ingenio en Santa Lucía, lo que es hoy el municipio Rafael Freyre), por eso no tomó fuerza desde entonces la Regla de Ocha o el Palo Monte, eso vino después. El espiritismo llegó desde Bayamo, en el siglo XIX con el inicio de la guerra de independencia.

“El XX fue el siglo del viraje, del cambio, con la inversión norteamericana en Cuba”, definió el profesor. Se establecen en la Isla los antillanos que vienen de Jamaica, Barbados, Haití. Alrededor de esta fecha se termina la construcción del canal de Panamá (inaugurado el 15 de agosto de 1914), y parte de esa mano de obra se mueve hacia Cuba.

En 1913 se aprueba la contratación de braseros antillanos, y, por ejemplo, según documentos de la época, entraron a Gibara unos mil 200 haitianos.

Todo esto impactó en el campo religioso holguinero. Los jamaicanos trajeron el protestantismo, y con él La iglesia del Monte Sinaí y el pentecostalismo negro. Surgieron también las iglesias metodistas y bautistas. En la década del 40′ con la movilidad social que trajo el desarrollo económico, llegan denominaciones como el adventismo, y otras como la Regla de Ocha y el Palo Monte.

A finales de los 70′ con la nueva división política administrativa, Holguín como capital asumió a los municipios del Este (Moa, Sagua) con sus prácticas religiosas, y en la década del 80′ se terminó de conformar el panorama religioso de esta región nororiental.

“El holguinero, como el cubano, es creyente”, dijo casi como conclusión, Carlos Lloga, el especialista de la Casa del Caribe que mencioné antes, y es cierto, los cubanos entramos y salimos de una religión a otra sin ningún prejuicio, y según nuestras necesidades. Recuerdo cuando hace ocho años estuve en terapia intensiva, y solo estuve consciente de mi gravedad, cuando vi a mi mamá con tres hojas de salvia poniéndomelas en la panza en los únicos cinco minutos que me dejaban verla al día. No hablaba conmigo casi, solo se concentraba en aplicarme aquellos remedios, ella que nunca creyó en nada.

En cuanto a eso abundó más el profesor Bárzaga, sobre la función terapéutica de los cultos populares. Lloga, por su parte, insistió en que lo más importante no es preguntarse si Dios existe o no, sino dónde está y cómo le sirve a la gente. Habló también de la Virgen de la Caridad del Cobre y de la manera en que nos une a todos los cubanos. “A las procesiones de la Virgen va todo el mundo, no importa que los Católicos vean a María o que los santeros vean a Oshún, lo cierto es que permite el diálogo entre todos”, dijo el antropólogo.

Los androides comenzaron a aplaudir

Fui la última en llegar y todos miraron a la puerta a la misma vez, como androides programados para reaccionar juntos a un sonido. Los músicos se miraban entre sí para acordar el próximo comienzo, y el público devolvió la vista al escenario.

El silencio era tan sepulcral que cualquier gesto resultaba incómodo en extremo: el zíper de mi bolso, la señora de adelante que cruza los pies y arrastra los zapatos contra el piso. El piano y el cello sonaron al unísono y un tango de Astor Piazzola me lleva a una calle con adoquines, sin aceras y con edificios sucios. Era un lugar cutre por el que yo corría, aunque no me veía a mí misma, sino a las fachadas que solo dejaban encima de mí una línea estrecha para ver el cielo, gris y sucio también. La música era intensa y el cello agudo y sinuoso.

Un chico de ojos melancólicos movía el pie al ritmo de Piazzola y una adolescente movía toda la pierna con una cadencia divorciada de todo sonido, apenas como escape nervioso.

Terminé de correr por aquella escena que intuía en blanco y negro, y de nuevo el silencio. Tuve ganas de aplaudir, fuerte, pero nadie lo hizo. Alguna vez estuve en un lugar donde unos aplaudían, y otros reprochaban: “Ahora no, es al final”, decían los supuestamente más entendidos. Creo que aquello fue como cura de caballo, porque aquí nadie aplaudió aunque fuese el final de la pieza.

El cello y el piano volvieron a la carga y esta vez me vi en una foto medio gastada, con sombrero de bombín y en un globo de gas helio. Estuve por segundos en una película de Fellini y después en un campo de margaritas blancas, en un paisaje muy colorido, donde todo se mecía al compás del viento fortísimo. Había una felicidad en esos acordes difícil de explicar.

Nadie se movía, ni comentaba nada. Solo el muchacho de ojos melancólicos giraba la cabeza, quizás buscando identificarse con los demás, quizás porque también estaba emocionado y buscaba compañía en el sentimiento.

Terminó la pieza y de nuevo el mutismo. El público estaba encartonado, en realidad la hora no ayudó mucho porque aún era de día, y a veces solo la oscuridad de la noche puede desinhibir a la gente. Tal vez definió, el hecho de que solo hubiesen dos parejas y muchos solitarios. Cuando uno va solo a los lugares siente que no tiene en quién proyectarse, se queda uno ahí con cara inexpresiva, hasta que llega un amigo y es que uno se desarma, se ríe si está feliz, gruñe si está cansado, pero de los solitarios es muy difícil hacerse una idea porque no se proyectan en lo absoluto.

Tiene que ver también con el tipo de música. La gente llega a las salas de concierto con sus mejores atuendos, y casi en reverencia. Hay un consenso de seguir cierto protocolo, y tanta fanfarria heredada coarta la espontaneidad.

Yo miraba la espalda de los demás, e intentaba imaginar el rostro de cada uno. La señora que arrastraba los pies, seguro sonreía; un muchacho detrás de ella con gorra y collar de obatalá, debía tener cara de aburrimiento porque estaba casi acostado en la silla; la adolescente seguía moviendo la pierna, no pude imaginar su expresión; y el muchacho de los ojos tristes creo que estaba serio.

Por momentos, sobre todo en los silencios, los músicos viajaban en una burbuja, bien lejos de nosotros el público. El rostro del cellista era el más visible, sus gestos traducían el esfuerzo en la ejecución del instrumento. La pianista se sumergía más en las teclas.

En medio de la quietud y de los acordes fusionados llegó el final de la pieza, y sin espera, el de los ojos melancólicos, se disparó de la silla y dijo: ¡Bravo! y los demás lo siguieron en aplausos. Una única energía desembocó en él. Yo reí, no sé si los demás lo hicieron, pero fue como si de repente hubiésemos encontrado en quién proyectarnos. Sentí que todos corrimos, volamos y vimos postales viejas, solo que necesitábamos aquel grito para despertar del sueño aletargado, mirarnos a la cara y aplaudir juntos.

El dúo Presto de la ciudad de Las Tunas se presentó este sábado en concierto único en la segunda planta de la Biblioteca Provincial Alex Urquiola. Hindira Mastrapa (piano) y Danilo Lozada (cello) compartieron con el público obras de Saint Saenz, Gabriel Fauré, Astor Piazzola y José María Vitier.

Quizás se esté esculpiendo ahora una estatua de Benedicto XVI…

Es posible que luego de la visita de Benedicto XVI, una estatua similar a la de Juan Pablo II, repose también en uno de los costados de la catedral de San Isidoro en la ciudad de Holguín.

La idea de una escultura como esta del Sumo Pontífice que visitó tierras cubanas en 1998, no nació de una institución religiosa, sino del artista plástico Héctor Carrillo Alfonso, de 46 años.

La estatua del Papa Juan Pablo II, la primera que se erigió en Cuba, fue construida en dos meses. Según relata Carrillo, primero se hizo un molde de barro, luego de yeso, y finalmente se fundió en concreto. La estatua mide dos metros y 30 cm y en ella, Juan Pablo II lleva el traje habitual: el alba, la casulla, la mitra y el báculo en una de sus manos.

El 26 de junio del 2005, la escultura se trasladó desde la zona de Pedernales hasta la catedral de Holguín, situada frente al llamado parque de las Flores.

Comenta Carrillo que como es usual, las manos y la cabeza se tallaron aparte, por ser las secciones más complicadas. La estatua nunca fue pesada antes de ubicarla en los exteriores de la iglesia, pero su autor asegura que pesa alrededor de 2 ó 3 toneladas. En su confección participó además, el escultor Henry Wilson.

Según un reporte de aciprensa del 27 de junio del 2005 fue develada por el Arzobispo de La Habana, Cardenal Jaime Ortega Alamino al término del Congreso Eucarístico Diocesano. En ese entonces, el Papa Juan Pablo II había fallecido hacía alrededor de dos meses. Un monumento similar a este se inauguró en Santa Clara en febrero del 2008.

Regresaré al Cobre

Cuando murió mi abuela, apenas lloré. La noticia era esperada, 97 años, una operación de seis horas que aguantó como guerrera y una cicatriz en medio de la pancita arrugada, el resultado era previsible. Lloré, pero sin mucha convicción, como si ya estuviera acostumbrada al hecho o como si no entendiera nada de lo que estaba pasando.

No supe muy bien cómo encauzar lo que tenía dentro, hasta que meses más tarde visité el Santuario del Cobre en Santiago de Cuba, y sin razón aparente me senté en uno de los bancos y comencé a llorar.

La imagen de la Virgen me traía a mi abuela de vuelta. Era la primera vez que necesitaba asirme a esa imagen, abrazarme a ella. Aquel ícono era como el puente entre mi abuela y yo. Nunca he podido ponerme de acuerdo conmigo misma en cuanto a creencias religiosas, mi pensamiento racional y lógico me lleva a creer que el mundo no se creó en siete días. Me inclino más por la teoría del Big Ban o la teoría de la especies de Darwin. Pero aquel día en aquella sala, mi abuela estaba tan cerca…

Es que resulta ingenuo y pretencioso creer que no existe nada más allá de las leyes físicas, de lo que vemos y palpamos (creo que fue Parménides, el filósofo, quien dijo que nuestros sentidos nos engañan) y es que hasta me gusta la idea de que existan cosas que la ciencia no pueda explicar, que sea Dios o no, que sea el Dios de unos y no el de otros, ya eso es otra cosa.

Hoy miles de peregrinos irán al Santuario, un hervidero de gente se reúne en la plaza de los machetes de Antonio Maceo. Unos irán a recibir a Benedicto XVI con la primera comunión hecha, otros con collares de orula, otros por curiosidad. El pontífice encontrará un pueblo sincrético, rico en tradiciones y prácticas religiosas, pero respetuoso entre sí.

La visita del Papa es una oportunidad inigualable para situar a Cuba en el mapa, aunque como dice un colega (Istvan Ojeda) no lo necesitamos para legitimarnos, ni para probarle al mundo que en Cuba no se violan los derechos humanos, pero es bueno que haya venido.

Yo no iré al Cobre, no hoy, no con el Papa y con los miles de peregrinos. Regresaré después, a reecontrarme con los míos, a solas.

Primer Festival de Fotografía Autodidacta en Holguín

“Sembrando arte” es un proyecto comunitario que encabeza Miroslava Jaime y su esposo (ahora no recuerdo el nombre), ellos van por ahí, hacen fotos de una temática como la mujer rural, por ejemplo, y después van a esas mismas comunidades y exponen sus fotos, además de que las ponen también en minigalerías de la ciudad. La idea me parece muy buena al margen de que sean fotos buenas o no, el hecho de que el ser humano se vea representado, visualizado, expuesto, lo ayuda a formarse una mejor idea de sí mismo, a verse desde otra perspectiva y de que lo vean los demás, por supuesto. La última buena idea que tuvieron fue la convocatoria a un Primer Festival de Fotografía Autodidacta en Holguín y durante las Romerías de Mayo, no sé hasta qué punto es bueno ponerle apellido a una fotografía, una imagen es buena o no, no importa quién la haga, pero entiendo que buscan un espacio para legitimarse ellos y quienes andan con una cámara, sin un conocimiento aparente, haciendo fotos por puro instinto. La idea está muy buena además, porque no hay que imprimir las fotos, quienes queden seleccionados podrán ver sus imágenes colgadas sin haber gastado ni un quilo. No conozco los patrocinadores, pero sé que mi amiga Miroslava Jaime es buena produciendo y consiguiendo cosas. Así es como se produce ahora, en el cine también, uno consigue “cosas” casi siempre por la vía extraoficial.
Y en fin, para quienes quieran participar aquí va la convocatoria completa.
Convocatoria Sigue leyendo